En esta sociedad en la que crecemos aprendiendo que hay que acumular para no pasar necesidad, que hay que estudiar mucho para no quedarse atrás, que hay que ser el mejor para ser más que otro, nos vemos influenciados así por pensamientos, creencias y el ritmo acelerado de occidente que no hace más que generar estrés e infelicidad.
Así cuando practicamos cualquier disciplina no conseguimos asentar la paciencia y la frescura en el trabajo que estamos realizando porque anhelamos o estamos obsesionados con un resultado específico, que la mayoría de veces no se ajusta a la expectativa, y eso no significa que sea mala señal, simplemente que el trabajo realizado ha seguido su quimera y provodado unos efectos o resultados que no siempre se ajustan a lo que queremos.
Todas las cosas que se hacen con rapidez, es decir, sin la libertad de permitirnos a nosotros mismos todo el tiempo que haga falta, así sean años, para que crezca y madure lo que estamos haciendo provocará un estrés constante que nos impedirá profundizar y conocer realmente el objeto de nuestro trabajo.
Es cierto que muchas veces creemos que tenemos que aprender o conocer por lo menos todas las herramientas o técnicas para “no quedarnos atrás”, pero esta idea proviene de un sentimiento de baja autoestima a menudo, de creerse poca cosa o saber poco. El secreto de todo trabajo está primero, en comprometerse con la herramienta, disciplina o técnica que nos motiva realmente, que nos llama, que resuena con nosotros, porque haberlas hay muchas, y es imposible practicarlas todas.
Está muy de moda el tema de las energías, y es fascinante abrirse a la posibilidad de este fenómeno, pero no porque trate de energía significa que ya me va a gustar o “deba aprenderla como sea”. Lo infrecuente llama hasta que deja de serlo.
Hay tal cantidad de información hoy día, es tan fácil acceder a ella, a través de libros, internet, cursos, que se hace imposible aprenderlo todo, si nos enfrascamos en multitud de técnicas no desarrollamos ninguna realmente más que superficialmente. No tenemos tanto tiempo para dedicar teniendo en cuenta las responsabilidades diarias, trabajo, familia, hijos, compromisos, etc.
Y como siempre el mejorar y aprender más que de cantidad trata de calidad, y de voluntad, crece más una persona que se dedica a un objetivo concreto que quien tiene muchos y no puede madurarlos todos, se pierde y no hace nada al final.
Hay que saborear cada práctica como si fuera única, como si la acabaras de conocer, de descubrir y de maravillarte, con esa misma ilusión que un niño ¿por qué no?. Si se vuelve rutinaria acaba cansándonos, se hace por obligación o por no perder el ritmo al llevar ya cierto tiempo. Esto no es una buena forma de practicar, no nos va a reportar nada más que hastío y finalmente aburrimiento.
Hay un gran abanico de herramientas dentro de una técnica y no por ello significa que debas utilizarlas todas, ya que no todas te gustarán si no que es bueno conocerlas primero, practicarlas y quedarse con aquellas herramientas que te sean más cómodas para ti y asequibles y a partir de ahí las desarrolles con tu práctica personal. Existen distintas herramientas para trabajar un mismo aspecto, prueba y luego escoge las que quieres habilitar en tu arsenal, pero eso sí, se fiel y practica para despertar en ti todo el potencial de la práctica y la herramienta.
Si hoy por ejemplo tenías previsto realizar unos ejercicios de respiración y un poco de meditación y llegado el momento no tienes tiempo más que para una de las dos prácticas, realiza una y disfrútala, no te lamentes por no poder hacer las dos, porque entonces no saborearás la que sí tienes tiempo de practicar.
Cuando te entregas realmente al trabajo o práctica sin juicios, sin más pensamiento que el de la práctica en si, entrarás en unos niveles en los que te vuelves uno con lo que haces, no importa aquí el resultado ni el efecto si no lo que estás haciendo. La calma que te invadirá repondrá mucha de tus energías a menudo más que el trabajo que estés haciendo. ello se debe a que estás en el momento presente, no en el pasado o futuro, y es en el momento presente en el que debe concentrarse toda la energía.
Todavía muchos no ven que no se trata de acumular técnicas o conocimientos, estas no confieren ningún poder, sino de encontrarnos dentro, de descubrirnos, ya que todo lo bueno nace del interior no exterior. Cuando empezamos a ser felices es porque algo interno está cambiando, algo en la forma de ver la vida, y eso no lo da ninguna técnica, nos ayudan a vislumbrar pero somos nosotros los que vemos no la técnica a través nuestro. Es por ello que ha menudo cuando comprendes esto ya no buscas más, basta con centrarse en uno mismo para empezar a Conocerse y despertar. Un simple ejercicio de respiración puede ser capaz de llevarnos a un estado de plenitud maravilloso, a través del centrarnos en la respiración la mente se relaja y entramos en una gran calma, la calma proviene del interior no del ejercicio, pero este nos enfocó por el sendero correcto para llegar a tal estado. Por eso se llaman herramientas, porque nos ayudan, pero depende de nosotros querer ser ayudado.
