Febrero 2008


El paradigma de la energía es un aspecto de la vida que está entrando en auge en estos tiempos, aunque siempre ha estado ahí, conformando el mundo de la materia y el espíritu. Al final todo es la misma energía o vibración a distinta escala. El viento es una forma de energía, los aromas, la dureza de una piedra, el pensamiento e inteligencia, la fuerza bruta, los sabores…todo es energía, y estamos experimentado sus matices, para ello necesitamos del vehículo adecuado que aunque sea denso también es de energía, el cuerpo.

Si la energía sutil, o por lo menos una muy refinada como puede ser la energía espiritual no cambiara de escala vibratoria cuando la recibimos, de poco nos serviría, sería como comer alimento y que el cuerpo no la digiriera, no sirve para nada si no es capaz de sacarle los nutrientes y transformarlos en algo útil para él.

La energía vibra y por ello distintas energías afectan de forma diferente al organismo, de ahí seguramente la devoción a distintos santos, para la salud, amor, prosperidad, fortaleza, inteligencia, y un sin fin… ya que a través de la oración se está invocando distintas cualidades divinas, dicho poéticamente, o distintas frecuencias energéticas más pragmáticamente. A través del trabajo energético estamos realizando aquello que los religiosos consiguen con las distintas oraciones, da igual la tradición religiosa mientras nos conecte a lo espiritual, porque llega un tiempo en que con la práctica del Reiki te das cuenta que hay una inteligencia, conciencia, energía, o Dios. Aunque lo bueno es que lo creamos o no, que hay un Dios, la energía sigue funcionando.

Cada tradición tiene sus oraciones que son el equivalente entre una y otra, se recitan para obtener lo mismo pero con distintas palabras. Es maravilloso descubrir, gracias a la sensibilidad que se ha ido desarrollando con el trabajo con Reiki, que no importa qué oración recites, ya que todas van dirigidas a la conciencia universal o energía que todo lo envuelve, sientes inmediatamente como esta fluye.

Para no desviarme mucho diré, que si es cierto que Reiki no necesitas más que de la voluntad de la persona para que fluya, es cierto que la creencia en algo superior facilita este flujo, ya que el hecho de creer es igual a tener fe, y tener fe es confiar, por lo que la persona que recibe o da Reiki, se abre a la energía permitiendo que esta fluya mejor y por lo tanto más efectivamente.

La intención puede mover montañas, hace años alguien me dijo que la capacidad de actuar de la energía está marcada en parte por lo que seamos capaces de aceptar, no es que no pueda obrar milagros, pero el milagro se da cuando lo permite la persona. En las distintas corrientes que trabajan con la energía que he conocido siempre se insiste en el hecho de entregarse y en Reiki no es distinto. Se trata de convertirnos en una caña hueca por donde pueda fluir la energía sin obstáculos por nuestra parte. Si así lo hacemos la experiencia con Reiki se transforma, ya que nos mueve la intuición y lo que debemos hacer a cada momento más que el interés por conocer, demostrar, probar, que Reiki funciona.

Si nos limitamos a dudar bloqueamos el flujo energético cuando podría ser un caudal ilimitado de ayuda en distintas formas, atraemos aquello que creemos y sentimos bloqueando el resto, de ahí que distintas personas tengan distintas experiencias sobre una misma situación. La vida nos demostrará aquello que queremos, positivo o negativo, y seguramente en base a ello diremos que tal cosa es así cuando el otro dice que no, que es de otra manera porque él lo ha vivido en base a lo que la vida le ha dado por ley de atracción, y lo jurará hasta sacar la sangre si es necesario. Por ello se oye la expresión que cada persona tiene su propia verdad.

Reiki, por ser una energía que favorece la armonía, afectará todas aquellas situaciones en las que le permitamos fluir y llenar con su fuerza, provocando situaciones que a menudo nos sorprenderán, sincronicidades en pos del mejor fin para todos los involucrados. En resumen, Reiki nos puede ayudar a crear la sincronicidad adecuada, a atraer aquello más positivo en cada momento. Para ello la energía sutil adquiere los matices energéticos, frecuencias adecuadas para el orden necesario. De ahí también la importancia de una mente positiva, ya que si pensamos negativamente aquello que queremos desechar de nuestra vida, enfermedad, cambio de situación laboral, amigos, etc… adquiere más fuerza ya que es lo que atraemos y no permitimos que lo nuevo fluya, por eso muchas veces hay personas que obtienen resultados más rápidos que otros trabajando con la energía, pues obstaculizamos su ayuda. No hay que olvidar que enfocarse en algo es dirigir energía, no sólo Reiki y alimentar aquello positivo o negativo.

Extraído del libro “El Espíritu de Reiki” de los autores Walter Lübeck, Frank Arjava Petter y William Lee Rand.

Esta es una meditación sencilla y muy poderosa. Como todo, la práctica desarrolla y favorece los efectos de su utilización.

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La palabra japonesa gassho significa: “dos manos que se juntan”.

- “En Gassho pliegas cómodamente tus manos delante del centro de tu corazón. El señor Ogawa recomendaba sostener las manos de tal manera que el aire espirado saliese por la nariz rozando suavemente la punta de los dedos. Esto deberá indicarte a qué altura sostener preferentemente las manos.

- Durante el transcurso de esta meditación aspira por la nariz y espira por la boca. La práctica de Qi gong recomienda en general colocar la lengua arriba sobre el paladar mientras se aspira; durante la espiración la lengua deberá bajar y colocarse sobre la base de la boca. Esto completa el círculo de la energía del cuerpo-espíritu.

- Cierra los ojos y siéntate en forma relajada sobre una silla o bien sobre el suelo en posición de loto completa o parcial. La espalda debería estar lo más recta posible, pero sin estirarla en demasía. Si es necesario, puedes apoyar tu espalda. También está permitido apoyarse sobre la pared.

En todo el mundo las personas han comprobado que la meditación resulta más fácil cuando la columna vertebral está en posición recta. Esto no significa que uno pueda meditar sobre una silla o en posición horizontal. En cuanto sabes cómo funciona el truco, puedes meditar en cualquier lugar y en todo momento, tanto con los ojos cerrados como con los ojos abiertos. El estado meditativo penetra entonces todas tus acciones y colma tu vida con serenidad y gracia.

Si es posible, mantén los ojos cerrados durante todo el tiempo, de manera de conservar la energía en tu interior. Realmente nos hemos acostumbrado en demasía a mirar alrededor nuestro y dejarnos distraer por impulsos visuales. Estos impulsos llevan a una ilación de pensamientos que seguimos en forma automática y nos conducen a la selva del inconsciente.

Si te sientes mal cerrando los ojos, entonces déjalos abiertos, pero no te concentres en ningún punto determinado y no parpadees. Luego de unos minutos tus ojos se llenarán de líquido lacrimógeno, pero igual continúa. Después de practicar esto algunas veces, estarás en condiciones de no parpadear ni una sola vez durante toda la meditación. La causa por la cual no debe parpadearse es que frecuentemente el parpadeo de los ojos y la aparición de pensamientos van de la mano. ¡Quien no parpadea, no piensa! También puedes utilizar una venda para los ojos, de mandera de poder mantenerlos cerrados sin gran esfuerzo.

Deja ingresar la respiración por sí sola en tu cuerpo. No existe ninguna causa por la cual deberías regularla de alguna manera. Lo único que deberías hacer es respirar profundamente llevando el aire hacia el abdomen. Si no sabes cómo hacer esto, pídele a alguien que te lo muestre o coloca una mano sobre tu vientre y respira llevando el aire hacia la zona que estás tocando. Ya te darás cuenta de cómo hacerlo. Plantéate la práctica cotidiana como principio y pronto tu respiración ingresará cada vea más hondo en tu abdomen.

El sentido y el fin de la meditación Gassho es potenciar la energía del practicante y llevarlo a un estado espiritual meditativo. Practica todos los días esta meditación de mañana o bien de tarde (o bien de mañana y de tarde) solo o en grupo durante 20 o 30 minutos.

Las indicaciones para este tipo de meditación son simples: concentra toda tu atención en el punto en que se encuentran tus dedos del medio y olvida todo lo demás.

Nuestro estado espiritual normal se corresponde con una locura totalmente caótica. El truco consiste primeramente en ser conciente de esta locura y convertir luego el veneno en néctar, sin intentar hacer desaparecer la locura.

En una oportunidad Osho contó una maravillosa historia sobre el Muláh Nasrudim, una figura humorística de la mística islámica, cuyos relatos tienen por fin ilustrar la naturaleza humana.

El Muláh tenía en su jardín un maravilloso manzano plénamente cargado de exquisitos frutos. Esta situación era por cierto conocida en su vecindario y muchos niños entraban a hurtadillas en el jardín del Muláh para robarle sus manzanas en cuanto éstas estaban maduras. Cada vez que el Muláh veía a un niño acercarse sigilosamente a su manzano, salía gritando y vociferando de la casa y corría hacia el malhechor. Un día un vecino, que observaba el drama cotidiano, lo llamó a parte y le dijo: “Muláh, tú eres un hombre tan pacífico y el árbol de tu jardín da mucha más fruta de la que tú alguna vez puedas consumir, entonces, ¿por qué echas a estos pobres niños?

“Los niños son como los pensamientos”, respondió el Muláh, “cuando los ahuyentas, puedes estar seguro de que volverán.”

Recuerda esta historia cuando medites. No espantes los pensamientos, que velan tu ojo interior. Observálos, reconócelos y vuelve a dirigir tu atención nuevamente al punto en que se encuentran ambos dedos del medio.”

La meditación.

Siéntate y sostiene las manos plegadas cómodamente delante del pecho. Dirige toda tu atención al punto en que se tocan tus dedos del medio y olvida todo lo demás.

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Observaciones personales:

- Cuando realizo esta meditación, quizá ya por el tiempo que llevo practicando, inmediatamente la energía Reiki empieza a fluir. Aprendes que no se trata de la cantidad de tiempo, aunque se aconseja entre 20-30 minutos, si no de la calidad, en el sentido de no estar expectantes al tiempo transcurrido o exacto para que se produzcan los mejores resultados, como si fuera algo obligatorio y protocolario, más bien es un fluir con lo que estamos haciendo, ya sean 5 minutos de meditación o 30. En la medida que practicamos es como si el tiempo se detuviera. La energía se expande y crece en nuestro interior y más allá del cuerpo llenando nuestra aura, que se traduce en un estado contemplativo, de paz y seguridad, nos sentimos envueltos por la conciencia universal y llenos de vida, todos los aspectos de nuestra vida empiezan a colmarse con esta energía y nos sentimos más capaces para actuar. Los beneficios de la meditación en sus distintas formas afectan a la mente, unificándola gradualmente o armonizándola con la conciencia espiritual, haciendo que la vida fluya en armonía y plenitud, a pesar de las dificultades.

No se trata tampoco de enfrascarse o agobiarse con multitud de meditaciones, o herramientas, si no utilizar aquellas que nos agradan, que resuenan con nuestra forma de sentir y ser constantes. Más vale practicar un tipo de meditación de forma asidua que conocer varias y no desarrollarlas. La simplicidad y la constancia provocan muy buenos resultados.

Cuando un practicante de Reiki se dispone a realizar un tratamiento o autotratamiento es bueno y ayuda mucho el recogerse interiormente, evocando serenamente la intención de conectarse con la energía universal. Aunque esto no se hiciera si la persona está sintonizada la energía fluirá de todas formas, aún así, el hecho de centrarnos predispone a nuestro organismo y nuestra energía a un trabajo más eficiente. Esto es debido a que el abrirnos tranquilamente y de forma consciente a la energía evita aquellos bloqueos mentales que pudieran interferir en el libre flujo de esta, ya que toda intención nacida desde el ego condiciona el flujo energético, de ahí la importancia de no meter ninguna intención cuando hacemos Reiki, por ejemplo: que esta energía sirva para aliviar tal o cual dolor, o problema.

La energía sabe muy bien cómo debe actuar por la conciencia o inteligencia que en si misma posee, no necesita ser condicionada con un deseo. Además, no sabemos qué puede necesitar la persona realmente, por lo que quizá aquello que creemos que es lo mejor es todo lo contrario para el crecimiento interior de la persona o cliente.

Cuando nos centramos con el único afán de ofrecer una ayuda a alguien, con la simple intención de que la persona disfrute del mejor bien para ella, sin ninguna intención más, permitimos que Reiki haga su trabajo sin interferencias. Lo mejor que podemos hacer es ofrecer nuestro amor a la persona y este junto con Reiki hará el mejor de los trabajos.

Ya han sido cientos y cientos de tratamientos con Reiki, y los mejores resultados los he vivido cuando no hay intención, y sobre todo cuando he dado amor a la persona, en estos casos esta siempre manifestaba lo tremendamente bien que se sentía, liviano, sereno, en un estado de tranquilidad que pocas veces tenía, tranquilo con la vida y el entorno, sin tensión.

Puede ocurrir que no sintamos amor por una persona que nos pide Reiki, no pasa absolutamente nada, es lógico que creemos vínculos afectivos con amigos, parientes, familia, personas que tratamos frecuentemente, y que sea más difícil sentir ese amor con los desconocidos, pero el trabajo con Reiki nos ayuda a desarrollar una compasión natural, no forzada, un sentimiento y ganas de que otros estén bien, aunque no sintamos el afecto que podemos tener por un amigo. Ello es debido a menudo por que nosotros mismos empezamos a sentirnos a gusto, felices, más plenos y conectados con la vida, su misterio, su belleza. Nace un sentimiento de unidad con los seres vivos, todos compartimos un camino común, el del aprendizaje y desarrollo del amor, y al comprender esto empiezas a ver las situaciones de distinta forma, más conscientemente. El estado natural del ser es la felicidad y por ello cuando la recuperamos deseamos compartirla. De todas formas sintamos o no afecto, lo importante es generar la actitud adecuada, que por lo menos sea por el bien de la persona, lo más sinceramente posible, esto será suficiente para que el tratamiento tenga una buena base.

Con la práctica, naturalmente aprendes a sentir lo que la energía ofrece, su esencia, no sólo a experimentarla como un fenómeno tangible, perceptible físicamente. Esto último puede distraernos haciéndonos olvidar el verdadero sentido del Reiki, que no es sólo sanación, si no desarrollo y transformación interior, de donde proviene la auténtica curación. Una manera de trabajar consciente, que nos da el poder de elegir cuándo y dónde hacerlo, una forma de oración, de espiritualidad si se quiere, una manera fácil y voluntaria de conectarse a la abundancia espiritual a través de nuestras propias manos.

A parte de Reiki practico otras disciplinas, quizá por mi necesidad de conocer y aprender nuevas formas que puedan ayudarme en este camino. Es cierto que la suma de conocimientos, o mejor dicho el acumular títulos de cursos no sirve de nada sin una práctica constante, y aunque este no es el motivo, sí puedo aseverar que cada herramienta aporta unas características nada despreciables para un trabajo holístico, y que en determinados momentos o situaciones es más oportuna una u otra. Como comentaba, cada técnica puede ser suficiente para un desarrollo humano y espiritual si se es frecuente en la práctica, ya que estas herramientas vibracionales trabajan con una energía espiritual que conlleva un orden, una estructura que se ajusta a la voluntad divina, que más pronto o más tarde llevará a una armonía integral de la persona o situación, o sea, la energía contiene el patrón de perfección para cada ámbito y situación de la vida, para cada ser vivo, como un manual que contiene el plan de un arquitecto.

Según la disposicón de la persona la energía puede actuar más o menos rápido, dependerá de la apertura que tengamos hacia ella. Me he dado cuenta de que cuando practico Reiki con mucho estrés, por poner un ejemplo, la efectividad de este se siente más lentamente que cuando previo al tratamiento realizo un deporte. El esfuerzo libera la energía emocional que provoca el estrés, de forma que al tumbarme en la camilla y realizar el autotratamiento siento como la energía fluye mejor, ahorrándole el trabajo de tener que armonizar o liberar las energías bloqueadas, la congestión energética. Sería una forma de vaciarnos, de entregar a través de una actividad física aquella carga energética que acaba afectándonos negativamente de no hacer nada por expulsarla de nuestro interior.

Algo común que veo en las herramientas que conozco, como son Magnified Healing, y las enseñanzas del Círculo de amigos de Bruno Groening, es la importancia de ofrecer todo lo que nos hace daño, aquello negativo o que consideramos negativo para nosotros, miedos, inseguridades, enfermedades ya sean físicas, mentales o emocionales. Cuando no ofrecemos todo lo negativo y nos trabajamos con energía en cierto modo sería como cambiar el agua de un cubo de fregar llenándolo con agua limpia sin vaciarlo primero. El líquido sucio acabaría limpiándose no sin poco esfuerzo, pero si lo vaciamos primero luego sólo queda llenarlo de agua pura. Si en un recipiente hay una sola gota de aceite de coche, contaminará por completo el agua que le echemos.

Muchas veces sólo con el hecho de limpiar el aura con un sencillo ejercicio produce un alivio tan grande que parece que ya no haga falta nada más, desaparece un gran peso y nos sentimos estupendamente. He experimentado trabajos energéticos en los que lo primero que se hace es limpiar a la persona de aquella energía que la hace sentir mal, esa energía que se va generando día a día con las preocupaciones, problemas, etc… y que fácilmente se puede expulsar realizando unos sencillos pases por el aura. Cuando esta primera parte ha concluido se procede a cargar energéticamente al cliente, ya que el lugar que ocupaba la energía inarmónica deja un hueco o vacío que hay que llenar con energía vital, cuando concluye esta segunda parte se empieza con la armonización de la energía. Por experiencia digo que es asombroso como varía el estado psicológico y físico antes y después de la terapia, de forma que te das cuenta que la energía tiene una gran influencia en el estado de la persona, y no exclusivamente la parte tangible o física (nutrientes- hormonas).

Nos movemos en un mar de energía solidificada, y es este mundo, estamos tan acostumbrados a lo que vemos que en cierta forma no sentimos ya su belleza, su misterio, lo mucho que cada paso nos puede aportar.

En estos días le mandé una frase a una nueva amiga, no sé, quizá no tiene mucho sentido para algunos, pero a mi me hizo gracia, es cómo un chiste, en el que un pez le dice a otro, “¿sabes que los científicos han descubierto un nuevo elemento y se llama agua?”, “¿y qué es el agua?”, pregunta el otro.

Nos maravillamos o emocionamos con el fenómeno, salen nuevas herramientas basadas en el trabajo con la energía y parece que nada más existe. Supongo que al ser algo tan nuevo, ( o quizá no tanto), y “extraño”, algo que parece mágico, increíble, nos llama la atención. Quizá esto resuelva nuestros problemas, nos decimos a menudo…

He visto gente que de un día para otro se transforma en una especie de santo, de golpe ya no dicen tacos (palabrotas), no bebe vino, y controlan el sexo, “así soy más espiritual” :-) , como si tuviera algo que ver, más bien el equilibrio viene como consecuencia natural de un trabajo espiritual continuo. También son los primeros que acaban reventando, por no ser ellos mismos, y toda un retahíla de problemas por la represión autoinfligida se va manifestando, mal humor, nervios, ansiedad, todo por no ser capaz de aceptar su sombra, porque ¿cómo se puede amar completamente a uno mismo para luego poder amar a los demás si no somos capaces de aceptar nuestras manchas, nuestros defectos?… cuando llegamos a ello, a aceptarnos realmente se nota una diferencia, aunque sigan estando, es como si de golpe un peso desapareciera.

Como dijo mi maestro, tenemos porquería para trabajar toda la vida, pero no os desaniméis, más de uno ahora estará pensando si vale la pena entonces sacrificarse, esforzarse en una disciplina si el trabajo es tan duro y costoso y os digo que sí, vale la pena, y mucho, porque cada capa que quitamos de nuestro interior es menos peso y la suma acaba notándose en mayor felicidad, mayor paz, mayor sentimiento de conexión con el mundo, con Dios. La visión de las cosas cambia porque ya no estamos sujetos a tantas limitaciones, o prejuicios, ya que cuanto más amor sentimos, cuanto más despierta, más positivamente vemos el entorno, con valores y juicios basados en un amor más noble y limpio, todo lo contrario a la falta, por que los valores a la hora de reflexionar, sopesar, son muy distintos, ya que el baremo lo marca el miedo, la inseguridad, la duda.

Con el sistema de sanación natural de Reiki, podemos trabajar no sólo la parte meramente física, que si bien es un gran alivio para el cuerpo recibir su dosis diaria de energía vital, hay dolencias que sobrevienen por una actitud negativa que acaba afectando de diversas formas, como por ejemplo malos hábitos alimenticios que desembocan con problemas variados, el ser pesimista, que redunda en estrés, ansiedad, despreocupación por el organismo que es una forma de maltrato hacia uno mismo por falta de amor o autoestima.

En nuestra mente con el tiempo y desde el mismo momento de nacer comienzan a formarse patrones que determinarán parte de nuestra personalidad, y muchas limitaciones, de la mayoría de estos patrones no tendremos conciencia porque funcionan a nivel subconsciente y muchas reacciones que nos parecerán de lo más normales, tienen un transfondo configurado por un hecho, una reacción y un aprendizaje más o menor saludable, que acabará convirtiéndose en un hábito. Por ejemplo si desde niño a uno le dicen lo poco que vale, y cada vez que se equivoca le riñen acabará cogiendo miedo al hecho de tener que realizar alguna tarea por la desaprobación que pueda acarrear, más aún, aunque ya no esté la persona que lo maltrataba psíquicamente se habrá creado un patrón a nivel subconsciente en el que cuando vaya a hacer algo le recuerde lo inútil que es, aunque no sea verdad, y esto le hundirá más, de forma que cada vez se sentirá más incapaz, poca cosa, porque “cree” que es así, y si algo no le sale ello sirve para engañarnos más y demostrarnos que no valemos, diciendo algo como “ya sabía yo, no podía ser de otra forma”. Esta es una actitud que lo limitará quizá a la hora de estudiar, de elegir profesión, carrera, etc… porque como cree que es que no tiene potencial, buscará aquello que “cree” que es fácil, perdiendo en muchos casos talentos que ni él conoce de si mismo.

Con Reiki, podemos trabajar a nivel menta-emocional, de forma que nos ayuda a encontrar la raíz del problema, unas veces haciendo florecer los miedos que lo causaron para que seamos conscientes de ello, otras ayudándonos a reconocer actitudes y su raíz. Nos da la serenidad para afrontarlo, fortaleza, que entre otras posibilidades se podría traducir en una actitud de lucha, superación, encarar los pequeños y grandes problemas para salir del hoyo, o si no podemos solos, el reconocimiento sin conflicto de que necesitamos ayuda profesional (algunos se niegan a reconocer que tienen problemas o están enfermos).

También podría suceder que el problema se disolviera simplemente con el tiempo gracias a la actitud de la persona de perdonarse, y aceptar lo ocurrido, aprender de ello y seguir adelante. Al final si se es constante sucede lo que deba suceder según la persona, su disposición, sus ganas de estar bien y cómo lo disponga la vida.

Cuando a través del Reiki descubrimos que muchas cosas que creíamos sólo estaban en nuestra mente, como un hábito o actitud, podría suceder que nos afectara, en el sentido de que quizá hayan sido muchos años en esa actitud y pensemos lo que nos hemos perdido o hemos dejado de hacer. Reiki nos dará paz al llenarnos de energía, comprensión y amor haciéndonos ver, si nos dejamos llevar, que siempre podemos reinventarnos, elegir nuevas opciones y ahora con menos limitación, más conscientes del amor que somos y nos guía, abriéndonos a nuevas posibilidades de realización y con mayor sabiduría y experiencia.

En la medida que nos vamos descubriendo con la ayuda del Reiki observamos que hacemos cosas porque así nos lo han enseñado, no porque realmente lo desea nuestro corazón, es entonces cuando se puede producir un cambio importante o al menos marcar el inicio de una sutil pero constante transformación. Se comienza a decidir todo no por lo que quieren los demás o creen que es lo correcto, si no por cómo lo considero yo, sin miedo al que pensarán.

La iniciación con mi segundo maestro fue distinta, de entrada mis padres estaban cagaditos, normal, “donde se mete este” pensarían, y yo como gato, al que no le gusta que le mareen la perdiz. Pero bueno, hablando en serio, me preocupaba su miedo a lo desconocido, y necesitaba ir tranquilo a mi reiniciación de primer nivel, así que lo lancé a los cielos, universo, Dios, como conciba cada uno al Jefe. Le dije que necesitaba ir tranquilo al curso, sin estar pensando en cómo estarían mis padres, que por favor me ayudara en ello porque yo no podía hacer nada más.

Ya no recuerdo si fue a los dos, tres o más días, pero estando en la oficina, todavía trabajaba con mi padre, este me llamó, de alguna forma estaba convencido de que era para hablarme del Reiki, y sentía que la cosa ya se había arreglado. Me hizo entrar al despacho y me acomodé, y risueño y con cara de alivio me explicó que acababa de hablar con una asesora de una de las empresas cliente y entre pitos y flautas sin saber cómo acabó saliendo el tema del Reiki… así que esta persona le dejó claro lo qué era y no era, y siendo esta una persona en la que mi padre confiaba le pareció suficiente, además la asesora era reikiana, ¿casualidad? no lo creo, me pasa frecuentemente esto, me dieron lo que necesitaba, el ruego fue atendido :-)

Me inicie con mi compañera de trabajo en ese momento, Fabiola, un encanto, por no resaltar más sus virtudes que son muchas… ¡ay si me lee! y a pesar de las caritas que ponía, porque todo era muy nuevo en ese momento, le gustó, si no no hubiera hecho el segundo nivel, eso sí, lo que más recuerdo era el frío que hacía, estábamos en Oropesa en el ático de un adosado y sólo deseaba que pusiera en marcha la estufa de leña. Imagino que al final notaría mi piel mortecina y blanca del frío porque se fue para abajo a echar un buen tronco.

Todo discurrió como debía ser, sin luces, ni espectros, nada inusual, lástima… je!. Con el tiempo he aprendido a saber esperar, aunque de vez en cuando tengo arrebatos. Eso sí, la sensibilidad ha ido creciendo, nada exagerado, pero lo suficiente para sentir y saber que la energía está fluyendo. Me ha beneficiado mucho, porque incluso cuando no hago Reiki, el hecho de rezar, por ejemplo, activa la fuerza vital, comprobado. El sencillo acto de elevar el pensamiento a Dios, lo espiritual, hace que fluya la energía… mejor aún, el hecho de demandar energía sólo pensándolo ya la activa y fluye sin ni siquiera meter a Dios por el medio, Él sabe lo que hace, y como siempre nos enseñan cuando no hay expectativa aún se siente más, porque no bloqueamos el fluir natural de los acontecimientos con lo que deseamos. O sea, la ley de atracción dice que aquello que piensas atraes, pero más concretamente, aquello que sientes, la emoción, y aunque pensemos una cosa, si estamos sintiendo otra esa opción prevalecerá, ¿y cuántos tenemos fe como un grano de mostaza para que se de aquello que realmente deseamos?, poquísimos…

El segundo nivel también lo compartí con Fabiola, estábamos entusiasmados, la experiencia fue enriquecedora, practicamos muchos ejercicios, como trabajar con uno mismo el mental-emocional, a distancia, con otros, el trabajo a distancia del cuerpo físico, entre otras cosas. Aprendimos el uso de los símbolos, al menos la base, ya que el trabajo lo hace uno día a día, realmente el curso empieza cuando acaba, hay que trabajar para ver resultados, pero en resumen, el día fue agradable pero acabamos todos agotados, al menos yo, porque un curso de un día entero prestando atención a todo cansa al final y el que enseña peor porque no para de hablar, decir, corregir, bla..bla..bla..

 

    Bueno, poco a poco el Reiki se va acercando a profesionales de la salud. Este es un hospital de Madrid, el Ramón y Cajal que aprovecha esta terapia después de ver los buenos resultados en los pacientes. Se ha empezado una investigación para ver la efectividad de Reiki y de alguna forma darle una base científica… todo se verá con el tiempo, de momento vamos pa lante.

    Hay varios hospitales ya, pero aún queda hasta que se extienda igual que en Reino Unido, donde la seguridad social asume el costo de las terapias con Reiki. 

Cuando empecé en este camino  tuve muchas dudas, como suele ocurrir con todo aquello que es nuevo, y más si además la base de tu fe está fuertemente enraizada, siendo en mi caso, en una educación católica.

No quiero meter aquí de todas formas el tema de la religión, que nada tiene que ver con Reiki, ni este tiene ningún tipo de connotación religiosa, motivo por el cual esta disciplina se ha difundido como la pólvora en los últimos años, ganando en practicantes día a día, y contándose ya en millones en todo el mundo, de todas las tradiciones religiosas y ámbitos socioculturales.

Hace ya más de una década, leyendo una revista en el gimnasio al que iba (más a deshogarme que a otra cosa), cogí una revista deportiva y, ¡oh Dios!, leo un artículo sobre esta herramienta y siendo un ser como soy yo que de tanto en tanto se va por las nubes sólo le faltaba descubrir algo así. Desde entonces no tuve tranquilidad, necesitaba conocer a fondo algo tan maravilloso, algo tan extraño y potencialmente beneficioso como podía ser aprender a trabajar con la energía que todo lo envuelve. Un nuevo paradigma, desconocido hasta ahora para los profanos empezaba a mostrarse al mundo.

Tuve la suerte o desventura de dar con mi primera maestra de Reiki, madrileña, que conocí y traté durante un tiempo en un foro de temas alternativos y, viendo mi interés por aprender el sistema se ofreció a impartirme el primer y segundo nivel, ya que venía a la provincia de paso y aprovechamos para conocernos y así recibir la sintonización para poder canalizar la energía Reiki.

Quizá por mi impaciencia, o porque debía aprender a saber esperar no me quedaron muy claro muchos conceptos y formas, y como el encuentro fue tan fugaz muchas dudas e incertidumbre quedaron en el aire,  lo peor de todo la terrible sensación  de que no había sido sintonizado, “menuda trastada”, pensé.

Aunque por otro lado el encuentro había sido curioso por no decir un buen augurio, o que estaba en buen camino,  pues después de esperar horas a la maestra, pilló un atasco de miedo, llegando con cinco horas de retraso, y santa paciencia por mi parte, en ese aspecto no me pueden decir nada, o quizá es que el hambre de conocer era infinitamente superior :-) , cuando ya me disponía a irme y me había convencido de que me habían dejado plantado oigo una voz que me llama por mi nombre, “¿Miguel Ángel?”… y, doblemente contento, pues una desconocida no podía saber mi nombre, tenía que ser ella, y por otro lado medio minuto antes bajando hacia la estación, (el encuentro fue en Sagunto), hablando hacia mis adentros le decía a Joe (así  llama cariñosamente mi chica al de arriba) que si no se había dado era por que no era el momento, y que si consideraba que no debía pues nada, tenía que asumirlo, pero entonces fue cuando apareció. Lo interpreté como una buena señal, ¡tenía el apoyo de los cielos!

Y así, pasamos unas horas en la tarde, haciendo un taller acelerado de Reiki, entre las ruinas de Sagunto, algo que hoy día no considero correcto, pues cada nivel tiene su tiempo para el aprendizaje más el que viene después a solas, el de la práctica diaria. Por todo ello y habiendo aprendido la lección y después de haber salido de mi ensimismamiento pensando en la inmortalidad del cangrejo decidí volver a iniciarme, pero buscando a un maestro dispuesto a dedicar parte de su tiempo a formar como toca a un alumno con ganas de aprender sobre la energía, y lo encontré en una gran persona que para mi fue mi profesor en todos los niveles hasta llegar a realizar con él la maestría, unos diez años después de la primera iniciación.

Lo conocí buscando por internet información, este monstruo virtual que es la red da para mucho, tenía su propia web, sencilla, como debe ser, sin mezcla de otras disciplinas ni herramientas, parca en contenido pero precisa en lo necesario para tener una buena idea. Nos escribimos primero, luego quedamos y nos conocimos, me transmitió confianza, y en ese momento era lo que más necesitaba.

Quedamos en la fecha y sólo restaba esperar el momento, aunque no fue fácil tampoco por mi familia….. pero esa es otra historia ;-)