Cuando empecé en este camino tuve muchas dudas, como suele ocurrir con todo aquello que es nuevo, y más si además la base de tu fe está fuertemente enraizada, siendo en mi caso, en una educación católica.
No quiero meter aquí de todas formas el tema de la religión, que nada tiene que ver con Reiki, ni este tiene ningún tipo de connotación religiosa, motivo por el cual esta disciplina se ha difundido como la pólvora en los últimos años, ganando en practicantes día a día, y contándose ya en millones en todo el mundo, de todas las tradiciones religiosas y ámbitos socioculturales.
Hace ya más de una década, leyendo una revista en el gimnasio al que iba (más a deshogarme que a otra cosa), cogí una revista deportiva y, ¡oh Dios!, leo un artículo sobre esta herramienta y siendo un ser como soy yo que de tanto en tanto se va por las nubes sólo le faltaba descubrir algo así. Desde entonces no tuve tranquilidad, necesitaba conocer a fondo algo tan maravilloso, algo tan extraño y potencialmente beneficioso como podía ser aprender a trabajar con la energía que todo lo envuelve. Un nuevo paradigma, desconocido hasta ahora para los profanos empezaba a mostrarse al mundo.
Tuve la suerte o desventura de dar con mi primera maestra de Reiki, madrileña, que conocí y traté durante un tiempo en un foro de temas alternativos y, viendo mi interés por aprender el sistema se ofreció a impartirme el primer y segundo nivel, ya que venía a la provincia de paso y aprovechamos para conocernos y así recibir la sintonización para poder canalizar la energía Reiki.
Quizá por mi impaciencia, o porque debía aprender a saber esperar no me quedaron muy claro muchos conceptos y formas, y como el encuentro fue tan fugaz muchas dudas e incertidumbre quedaron en el aire, lo peor de todo la terrible sensación de que no había sido sintonizado, “menuda trastada”, pensé.
Aunque por otro lado el encuentro había sido curioso por no decir un buen augurio, o que estaba en buen camino, pues después de esperar horas a la maestra, pilló un atasco de miedo, llegando con cinco horas de retraso, y santa paciencia por mi parte, en ese aspecto no me pueden decir nada, o quizá es que el hambre de conocer era infinitamente superior
, cuando ya me disponía a irme y me había convencido de que me habían dejado plantado oigo una voz que me llama por mi nombre, “¿Miguel Ángel?”… y, doblemente contento, pues una desconocida no podía saber mi nombre, tenía que ser ella, y por otro lado medio minuto antes bajando hacia la estación, (el encuentro fue en Sagunto), hablando hacia mis adentros le decía a Joe (así llama cariñosamente mi chica al de arriba) que si no se había dado era por que no era el momento, y que si consideraba que no debía pues nada, tenía que asumirlo, pero entonces fue cuando apareció. Lo interpreté como una buena señal, ¡tenía el apoyo de los cielos!
Y así, pasamos unas horas en la tarde, haciendo un taller acelerado de Reiki, entre las ruinas de Sagunto, algo que hoy día no considero correcto, pues cada nivel tiene su tiempo para el aprendizaje más el que viene después a solas, el de la práctica diaria. Por todo ello y habiendo aprendido la lección y después de haber salido de mi ensimismamiento pensando en la inmortalidad del cangrejo decidí volver a iniciarme, pero buscando a un maestro dispuesto a dedicar parte de su tiempo a formar como toca a un alumno con ganas de aprender sobre la energía, y lo encontré en una gran persona que para mi fue mi profesor en todos los niveles hasta llegar a realizar con él la maestría, unos diez años después de la primera iniciación.
Lo conocí buscando por internet información, este monstruo virtual que es la red da para mucho, tenía su propia web, sencilla, como debe ser, sin mezcla de otras disciplinas ni herramientas, parca en contenido pero precisa en lo necesario para tener una buena idea. Nos escribimos primero, luego quedamos y nos conocimos, me transmitió confianza, y en ese momento era lo que más necesitaba.
Quedamos en la fecha y sólo restaba esperar el momento, aunque no fue fácil tampoco por mi familia….. pero esa es otra historia
Febrero 27, 2008 at 12:00 am
Muy buenas, Miguel:
Encontré tu blog navegando por la red en busca de foros de reiki.
He leído algunas cosas, y me parece muy interesante, pero es tan tarde ya (la 1 de la madrugada) que seguiré mañana con la lectura.
Te comento que para mí el reiki, es lo mejor que hice en la vida.
Un saludo y felicidades.
Febrero 27, 2008 at 2:52 pm
Hola María,
Gracias por tu mensaje, la verdad es que no hace mucho que abrí este blog, y poco a poco iré hablando basándome más que nada en mi experiencia.
Llevo ya unos cuantos años en Reiki, de todo me ha pasado, dudas, abandano, vuelta a practicar, vuelta a dejarlo…. pero con el paso de los años se ha ido fortaleciendo el vínculo y fui logrando algunas cosas… sorteando obstáculos y aprendiendo que las cosas son como debe ser en el momento oportuno.
Recibe un afectuoso saludo.
Marzo 4, 2008 at 1:50 pm
Hola de nuevo Miguel (o Miguel Ángel):
Por tus escritos, ya he visto que tienes bastante experiencia en Reiki. Yo soy maestra desde hace apenas tres años, así que mi experiencia es cortita. Hay temporadas que me desligo un poquito, pero siempre vuelvo, porque como te comenté, pienso que es de las mejores cosas que he hecho en la vida, aunque me queda mucho por aprender.
Continuaré leyéndote.
Un saludo.
Marzo 5, 2008 at 5:33 pm
Hace más o menos un año que hice la maestría, llevaba ya practicando diez.
La experiencia se coge practicando las diversas técnicas dentro de Reiki, hay muchísimas y que ni conozco. Pero lo importante es que cuando haces el curso te dan la base, la enseñanza necesaria para cada nivel y de ahí en adelante se practica, aprende y actualizan las distintas formas de trabajo dentro de cada nivel… se va mejorando, descubres cosas por ti mismo, por la energía, por los efectos que vives en ti, en otros, etc… y aprendes a asociar las cosas…
También he estado temporadas sin practicar, por crisis de “fe?”
pero la energía está ahí… la Fuerza
, tiene muchos nombres.
Saludos,
Marzo 13, 2008 at 12:46 am
Buenas noches, madrugadas más bien:
En los talleres de iniciación te dan las bases justas, y no se puede quedar uno en eso solo. Yo he comprado muchos libros, y con cada autor aprendo algo nuevo. Y ya la experiencia que da la práctica, hace el resto.
Lo importante es que te guste lo que haces, y yo después de cada terapia que realizo, me siento como en una “nube”, relajada y feliz.
Uy… eso de crisis de “fe”, no sé yo. A mí es que la palabra fe como que me da yuyu
Un saludo y hasta el siguiente comentario.
Marzo 13, 2008 at 5:19 pm
Hola María,
Te dan lo justo, pero es que de entrada es mejor así, no se puede agobiar a un practicante que nunca ha tenido contacto con esto. Los cursos que he hecho así me lo han mostrado, se lían mucho porque quieren entenderlo todo y se saturan, la práctica progresiva frente a la teoría es lo que les ayuda, así lo van entiendo mejor, sin querer acapararlo todo ya.
En el segundo nivel, hay bastantes ejercicios para trabajarse, si practicáramos todos, algo que yo no hice en aquel tiempo, tendríamos tela, un segundo nivel da mucho de si, respecto a los tratamientos mentales y emocionales. Cuando practicas durante tiempo un mismo tipo de ejercicio cambia tu forma de vivirlo, cada vez se vuelve más eficiente y aprendes cosas nuevas… quizá de ahí que hay faquires, personas que sólo practican ejercicios respiratorios y se elevan a estados de consciencia cada vez más sutiles, sin la ayuda de otros ejercicios.
Con esto quiero decir que está muy bien aprender, yo sigo buscando para actualizarme, pero la práctica constante de un mismo ejercicio fortalece la calidad de este y la percepción, así como que descubres que es más que un simple ejercicio, cada vez adquiere más eficiencia por la práctica y no se limita normalmente para lo que se utilizaba, si no que abarca más.
Es como la meditación, te sientas, te centras, la mente se relaja pero nunca es igual, y con el tiempo adquieres más habilidad, y más fuerza, haciendo lo mismo.
Lo de las crisis no lo asocies al concepto que piensas
, esa palabra “fe” parece que sólo vale para lo religioso, lo hemos mamado demasiado… bueno jaja! eso.
Saludos,
Marzo 23, 2008 at 11:11 pm
Hola:
Ese tipo de “crisis” de las que hablas también yo las he tenido, y me explico:
Resulta de que a veces doy reiki a personas con cierto tipo de dolencias (dolor de garganta, de cabeza, etc) y se les quitan esos dolores con mis sesiones, pero en cambio me los doy a mi misma en situacione similares y el resultado no es el mismo. Esto me provoca a veces una especie de no sé si llamarlo rechazo, crisis o qué, pero por un tiempo me aparto de la práctica, aunque luego regrese de nuevo a ella. ¿qué opinas tú).
Un saludito.
Marzo 30, 2008 at 8:22 am
Parece que tenemos más confianza en que haya resultados en los demás que en nosotros mismos.
Solemos pensar que en nosotros no funcionará, y a menudo aún tratando a otros dudamos si ha sido Reiki o sugestión. Sí que funciona, pero la expectativa nos bloquea y no sentimos tanto en nosotros. Por ejemplo, los niños y los animales cuando reciben Reiki es una pasada, con los primeros porque no tienen juicios formados todavía respecto a las cosas de la vida y fluyen con ella, viven el momento, y si les dices que les vas a dar energía, una superluz, que les dará muchas cosas buenas se lo creen inmediatamente y se dejan, así, con esa receptividad absorben la energía Reiki como la esponja al agua. Los segundos, los animales, lo mismo, porque son instintivos, no piensan como los humanos, y si dejan que los toques, es porque quieren que los toques, y también lo absorben rapidísimo, y en poco tiempo es más que suficiente.
Se trata de abrirse al proceso y confiar como niños, la energía puede actuar cuando tú lo permites y las creencias pueden ser muy limitantes, tanto en la vida diaria, como a la hora de recibir Reiki.
Hay una premisa que dice que la energía sigue a la mente, si tu creas barreras por inseguridad, y fíjate que a veces no pensamos que estemos bloqueando, pero hay una parte que lo hace, limitarás la acción de la energía.
Saludos.