La iniciación con mi segundo maestro fue distinta, de entrada mis padres estaban cagaditos, normal, “donde se mete este” pensarían, y yo como gato, al que no le gusta que le mareen la perdiz. Pero bueno, hablando en serio, me preocupaba su miedo a lo desconocido, y necesitaba ir tranquilo a mi reiniciación de primer nivel, así que lo lancé a los cielos, universo, Dios, como conciba cada uno al Jefe. Le dije que necesitaba ir tranquilo al curso, sin estar pensando en cómo estarían mis padres, que por favor me ayudara en ello porque yo no podía hacer nada más.
Ya no recuerdo si fue a los dos, tres o más días, pero estando en la oficina, todavía trabajaba con mi padre, este me llamó, de alguna forma estaba convencido de que era para hablarme del Reiki, y sentía que la cosa ya se había arreglado. Me hizo entrar al despacho y me acomodé, y risueño y con cara de alivio me explicó que acababa de hablar con una asesora de una de las empresas cliente y entre pitos y flautas sin saber cómo acabó saliendo el tema del Reiki… así que esta persona le dejó claro lo qué era y no era, y siendo esta una persona en la que mi padre confiaba le pareció suficiente, además la asesora era reikiana, ¿casualidad? no lo creo, me pasa frecuentemente esto, me dieron lo que necesitaba, el ruego fue atendido
Me inicie con mi compañera de trabajo en ese momento, Fabiola, un encanto, por no resaltar más sus virtudes que son muchas… ¡ay si me lee! y a pesar de las caritas que ponía, porque todo era muy nuevo en ese momento, le gustó, si no no hubiera hecho el segundo nivel, eso sí, lo que más recuerdo era el frío que hacía, estábamos en Oropesa en el ático de un adosado y sólo deseaba que pusiera en marcha la estufa de leña. Imagino que al final notaría mi piel mortecina y blanca del frío porque se fue para abajo a echar un buen tronco.
Todo discurrió como debía ser, sin luces, ni espectros, nada inusual, lástima… je!. Con el tiempo he aprendido a saber esperar, aunque de vez en cuando tengo arrebatos. Eso sí, la sensibilidad ha ido creciendo, nada exagerado, pero lo suficiente para sentir y saber que la energía está fluyendo. Me ha beneficiado mucho, porque incluso cuando no hago Reiki, el hecho de rezar, por ejemplo, activa la fuerza vital, comprobado. El sencillo acto de elevar el pensamiento a Dios, lo espiritual, hace que fluya la energía… mejor aún, el hecho de demandar energía sólo pensándolo ya la activa y fluye sin ni siquiera meter a Dios por el medio, Él sabe lo que hace, y como siempre nos enseñan cuando no hay expectativa aún se siente más, porque no bloqueamos el fluir natural de los acontecimientos con lo que deseamos. O sea, la ley de atracción dice que aquello que piensas atraes, pero más concretamente, aquello que sientes, la emoción, y aunque pensemos una cosa, si estamos sintiendo otra esa opción prevalecerá, ¿y cuántos tenemos fe como un grano de mostaza para que se de aquello que realmente deseamos?, poquísimos…
El segundo nivel también lo compartí con Fabiola, estábamos entusiasmados, la experiencia fue enriquecedora, practicamos muchos ejercicios, como trabajar con uno mismo el mental-emocional, a distancia, con otros, el trabajo a distancia del cuerpo físico, entre otras cosas. Aprendimos el uso de los símbolos, al menos la base, ya que el trabajo lo hace uno día a día, realmente el curso empieza cuando acaba, hay que trabajar para ver resultados, pero en resumen, el día fue agradable pero acabamos todos agotados, al menos yo, porque un curso de un día entero prestando atención a todo cansa al final y el que enseña peor porque no para de hablar, decir, corregir, bla..bla..bla..