Nos movemos en un mar de energía solidificada, y es este mundo, estamos tan acostumbrados a lo que vemos que en cierta forma no sentimos ya su belleza, su misterio, lo mucho que cada paso nos puede aportar.

En estos días le mandé una frase a una nueva amiga, no sé, quizá no tiene mucho sentido para algunos, pero a mi me hizo gracia, es cómo un chiste, en el que un pez le dice a otro, “¿sabes que los científicos han descubierto un nuevo elemento y se llama agua?”, “¿y qué es el agua?”, pregunta el otro.

Nos maravillamos o emocionamos con el fenómeno, salen nuevas herramientas basadas en el trabajo con la energía y parece que nada más existe. Supongo que al ser algo tan nuevo, ( o quizá no tanto), y “extraño”, algo que parece mágico, increíble, nos llama la atención. Quizá esto resuelva nuestros problemas, nos decimos a menudo…

He visto gente que de un día para otro se transforma en una especie de santo, de golpe ya no dicen tacos (palabrotas), no bebe vino, y controlan el sexo, “así soy más espiritual” :-) , como si tuviera algo que ver, más bien el equilibrio viene como consecuencia natural de un trabajo espiritual continuo. También son los primeros que acaban reventando, por no ser ellos mismos, y toda un retahíla de problemas por la represión autoinfligida se va manifestando, mal humor, nervios, ansiedad, todo por no ser capaz de aceptar su sombra, porque ¿cómo se puede amar completamente a uno mismo para luego poder amar a los demás si no somos capaces de aceptar nuestras manchas, nuestros defectos?… cuando llegamos a ello, a aceptarnos realmente se nota una diferencia, aunque sigan estando, es como si de golpe un peso desapareciera.

Como dijo mi maestro, tenemos porquería para trabajar toda la vida, pero no os desaniméis, más de uno ahora estará pensando si vale la pena entonces sacrificarse, esforzarse en una disciplina si el trabajo es tan duro y costoso y os digo que sí, vale la pena, y mucho, porque cada capa que quitamos de nuestro interior es menos peso y la suma acaba notándose en mayor felicidad, mayor paz, mayor sentimiento de conexión con el mundo, con Dios. La visión de las cosas cambia porque ya no estamos sujetos a tantas limitaciones, o prejuicios, ya que cuanto más amor sentimos, cuanto más despierta, más positivamente vemos el entorno, con valores y juicios basados en un amor más noble y limpio, todo lo contrario a la falta, por que los valores a la hora de reflexionar, sopesar, son muy distintos, ya que el baremo lo marca el miedo, la inseguridad, la duda.

Con el sistema de sanación natural de Reiki, podemos trabajar no sólo la parte meramente física, que si bien es un gran alivio para el cuerpo recibir su dosis diaria de energía vital, hay dolencias que sobrevienen por una actitud negativa que acaba afectando de diversas formas, como por ejemplo malos hábitos alimenticios que desembocan con problemas variados, el ser pesimista, que redunda en estrés, ansiedad, despreocupación por el organismo que es una forma de maltrato hacia uno mismo por falta de amor o autoestima.

En nuestra mente con el tiempo y desde el mismo momento de nacer comienzan a formarse patrones que determinarán parte de nuestra personalidad, y muchas limitaciones, de la mayoría de estos patrones no tendremos conciencia porque funcionan a nivel subconsciente y muchas reacciones que nos parecerán de lo más normales, tienen un transfondo configurado por un hecho, una reacción y un aprendizaje más o menor saludable, que acabará convirtiéndose en un hábito. Por ejemplo si desde niño a uno le dicen lo poco que vale, y cada vez que se equivoca le riñen acabará cogiendo miedo al hecho de tener que realizar alguna tarea por la desaprobación que pueda acarrear, más aún, aunque ya no esté la persona que lo maltrataba psíquicamente se habrá creado un patrón a nivel subconsciente en el que cuando vaya a hacer algo le recuerde lo inútil que es, aunque no sea verdad, y esto le hundirá más, de forma que cada vez se sentirá más incapaz, poca cosa, porque “cree” que es así, y si algo no le sale ello sirve para engañarnos más y demostrarnos que no valemos, diciendo algo como “ya sabía yo, no podía ser de otra forma”. Esta es una actitud que lo limitará quizá a la hora de estudiar, de elegir profesión, carrera, etc… porque como cree que es que no tiene potencial, buscará aquello que “cree” que es fácil, perdiendo en muchos casos talentos que ni él conoce de si mismo.

Con Reiki, podemos trabajar a nivel menta-emocional, de forma que nos ayuda a encontrar la raíz del problema, unas veces haciendo florecer los miedos que lo causaron para que seamos conscientes de ello, otras ayudándonos a reconocer actitudes y su raíz. Nos da la serenidad para afrontarlo, fortaleza, que entre otras posibilidades se podría traducir en una actitud de lucha, superación, encarar los pequeños y grandes problemas para salir del hoyo, o si no podemos solos, el reconocimiento sin conflicto de que necesitamos ayuda profesional (algunos se niegan a reconocer que tienen problemas o están enfermos).

También podría suceder que el problema se disolviera simplemente con el tiempo gracias a la actitud de la persona de perdonarse, y aceptar lo ocurrido, aprender de ello y seguir adelante. Al final si se es constante sucede lo que deba suceder según la persona, su disposición, sus ganas de estar bien y cómo lo disponga la vida.

Cuando a través del Reiki descubrimos que muchas cosas que creíamos sólo estaban en nuestra mente, como un hábito o actitud, podría suceder que nos afectara, en el sentido de que quizá hayan sido muchos años en esa actitud y pensemos lo que nos hemos perdido o hemos dejado de hacer. Reiki nos dará paz al llenarnos de energía, comprensión y amor haciéndonos ver, si nos dejamos llevar, que siempre podemos reinventarnos, elegir nuevas opciones y ahora con menos limitación, más conscientes del amor que somos y nos guía, abriéndonos a nuevas posibilidades de realización y con mayor sabiduría y experiencia.

En la medida que nos vamos descubriendo con la ayuda del Reiki observamos que hacemos cosas porque así nos lo han enseñado, no porque realmente lo desea nuestro corazón, es entonces cuando se puede producir un cambio importante o al menos marcar el inicio de una sutil pero constante transformación. Se comienza a decidir todo no por lo que quieren los demás o creen que es lo correcto, si no por cómo lo considero yo, sin miedo al que pensarán.