A parte de Reiki practico otras disciplinas, quizá por mi necesidad de conocer y aprender nuevas formas que puedan ayudarme en este camino. Es cierto que la suma de conocimientos, o mejor dicho el acumular títulos de cursos no sirve de nada sin una práctica constante, y aunque este no es el motivo, sí puedo aseverar que cada herramienta aporta unas características nada despreciables para un trabajo holístico, y que en determinados momentos o situaciones es más oportuna una u otra. Como comentaba, cada técnica puede ser suficiente para un desarrollo humano y espiritual si se es frecuente en la práctica, ya que estas herramientas vibracionales trabajan con una energía espiritual que conlleva un orden, una estructura que se ajusta a la voluntad divina, que más pronto o más tarde llevará a una armonía integral de la persona o situación, o sea, la energía contiene el patrón de perfección para cada ámbito y situación de la vida, para cada ser vivo, como un manual que contiene el plan de un arquitecto.
Según la disposicón de la persona la energía puede actuar más o menos rápido, dependerá de la apertura que tengamos hacia ella. Me he dado cuenta de que cuando practico Reiki con mucho estrés, por poner un ejemplo, la efectividad de este se siente más lentamente que cuando previo al tratamiento realizo un deporte. El esfuerzo libera la energía emocional que provoca el estrés, de forma que al tumbarme en la camilla y realizar el autotratamiento siento como la energía fluye mejor, ahorrándole el trabajo de tener que armonizar o liberar las energías bloqueadas, la congestión energética. Sería una forma de vaciarnos, de entregar a través de una actividad física aquella carga energética que acaba afectándonos negativamente de no hacer nada por expulsarla de nuestro interior.
Algo común que veo en las herramientas que conozco, como son Magnified Healing, y las enseñanzas del Círculo de amigos de Bruno Groening, es la importancia de ofrecer todo lo que nos hace daño, aquello negativo o que consideramos negativo para nosotros, miedos, inseguridades, enfermedades ya sean físicas, mentales o emocionales. Cuando no ofrecemos todo lo negativo y nos trabajamos con energía en cierto modo sería como cambiar el agua de un cubo de fregar llenándolo con agua limpia sin vaciarlo primero. El líquido sucio acabaría limpiándose no sin poco esfuerzo, pero si lo vaciamos primero luego sólo queda llenarlo de agua pura. Si en un recipiente hay una sola gota de aceite de coche, contaminará por completo el agua que le echemos.
Muchas veces sólo con el hecho de limpiar el aura con un sencillo ejercicio produce un alivio tan grande que parece que ya no haga falta nada más, desaparece un gran peso y nos sentimos estupendamente. He experimentado trabajos energéticos en los que lo primero que se hace es limpiar a la persona de aquella energía que la hace sentir mal, esa energía que se va generando día a día con las preocupaciones, problemas, etc… y que fácilmente se puede expulsar realizando unos sencillos pases por el aura. Cuando esta primera parte ha concluido se procede a cargar energéticamente al cliente, ya que el lugar que ocupaba la energía inarmónica deja un hueco o vacío que hay que llenar con energía vital, cuando concluye esta segunda parte se empieza con la armonización de la energía. Por experiencia digo que es asombroso como varía el estado psicológico y físico antes y después de la terapia, de forma que te das cuenta que la energía tiene una gran influencia en el estado de la persona, y no exclusivamente la parte tangible o física (nutrientes- hormonas).
