La interacción con la energía puede ser fascinante, por se algo nuevo y no común, aunque no lo sería tanto si hubiéramos crecido con ese talento despierto. Quizá sería como una parte más de nosotros mismos, como tener un pie, manos, ojos.
En mi caso me ayudó mucho el momento que comencé a percibirla, era interesante, curioso, divertido, fascinante, sólo quería más y más de eso. La práctica hace que vayas experimentando más, y el hecho de experimentarlo te da más confianza y certeza, por lo que aumentan más las percepciones. Ya sabéis, lo que creemos acaba sucediendo y si sientes cosas con la energía llegan más porque crees por haber sentido.
Pero me di cuenta con el tiempo que sólo desear eso es un error, es como encerrarse en lo superfluo, ya que el hecho de sentir la energía no significa nada en si mismo, es una sensación que no produce, de ahí la importancia de tener las cosas claras en el sentido de tener una meta, de mejorar, de avanzar, de superarse, como por ejemplo tener más salud, más claridad mental, un desarrollo interior positivo, de estar más en armonía con uno mismo y el entorno, de ser más feliz, más lleno de buenos sentimientos, de gozo, que nos ayuda a ofrecer algo de nosotros mismos al mundo para que este sea un poco mejor con el grano de arena de cada persona.
Tener un dominio, una maestría con la energía sin producir sería como tener un talento o cualidad y no utilizarlo, puedo ser muy fuerte físicamente, pero si no utilizo esa fuerza para ayudar a mi madre a mover un mueble para poder limpiar tras el no me sirve de nada. Puedo ser muy inteligente, pero si no utilizo esa inteligencia para enseñar, ayudar a otro en su dificultad con las matemáticas de nada me sirve. Un talento no utilizado es un talento muerto.
Cuando trabajamos con la energía, podemos sentirnos cautivados por el fenómeno, y pasar horas distraídos en ello, pero no pasa de ahí. Cuando por primera vez utilicé el Reiki para ayudar a una persona necesitada de verdad me dio la sensación que hasta ese momento había estando jugando, que había estado en prácticas, que estaba haciendo algo sin tomármelo en serio. La experiencia que internamente sentí, no tenía palabras para describirla, fue una sensación de productividad, de poder aplicado al beneficio de alguien o de algo, de haber realizado algo realmente valioso e importante como es ayudar a otra persona a encontrarse a si misma, a sanarse, a encontrar su equilibrio, algo que nada tiene que ver con estar “jugando” con la energía. Te das cuenta al ver el rostro de esperanza, de alegría, de alguien que lo necesitaba que sólo aquello que contribuye a mejorar las cosas es lo importante.
Es la satisfacción de ayudar, de ver como mejoran las personas lo que llena realmente a uno, y esa misma sensación se consigue de infinitas formas, con palabras de aliento, con un gesto, una mirada, un abrazo…
No nos perdamos en lo fascineroso, en la sensiblería, si no en el hacer de verdad, con las acciones que serán productivas… y no olvidemos que el Reiki es una herramienta, ni más ni menos, que nos ayuda a despertar, o sea, a darnos cuenta de lo que somos y lo que importa. Nuestra energía propia está en proceso constante de refinamiento, es lo que somos y la manifestamos a través del cuerpo, de la expresión, cuanto más se refina nuestra propia energía más naturalmente emergen los valores espirituales como la compasión y el amor genuino.
Si realmente te entregas a tu propio desarrollo y al de otros, si realmente queremos ayudar, el caudal de energía que llegará no tendrá comparación con la energía que sentíamos al jugar con ella. Cuanto más das, más recibes… así de sencillo, de la misma forma sucede con la energía.
Estamos aprendiendo en estos tiempos a adquirir maestría con una fuerza que siempre ha estado ahí y que lo ha sustentado todo y en todos los ámbitos, interaccionar con esta fuerza o energía, es igual a emplearla conscientemente para mejorarnos y mejorar el mundo, más que una interacción no consciente como ha sucedido hasta ahora.
