Mayo 2008


La interacción con la energía puede ser fascinante, por se algo nuevo y no común, aunque no lo sería tanto si hubiéramos crecido con ese talento despierto. Quizá sería como una parte más de nosotros mismos, como tener un pie, manos, ojos.

En mi caso me ayudó mucho el momento que comencé a percibirla, era interesante, curioso, divertido, fascinante, sólo quería más y más de eso. La práctica hace que vayas experimentando más, y el hecho de experimentarlo te da más confianza y certeza, por lo que aumentan más las percepciones. Ya sabéis, lo que creemos acaba sucediendo y si sientes cosas con la energía llegan más porque crees por haber sentido.

Pero me di cuenta con el tiempo que sólo desear eso es un error, es como encerrarse en lo superfluo, ya que el hecho de sentir la energía no significa nada en si mismo, es una sensación que no produce, de ahí la importancia de tener las cosas claras en el sentido de tener una meta, de mejorar, de avanzar, de superarse, como por ejemplo tener más salud, más claridad mental, un desarrollo interior positivo, de estar más en armonía con uno mismo y el entorno, de ser más feliz, más lleno de buenos sentimientos, de gozo, que nos ayuda a ofrecer algo de nosotros mismos al mundo para que este sea un poco mejor con el grano de arena de cada persona.

Tener un dominio, una maestría con la energía sin producir sería como tener un talento o cualidad y no utilizarlo, puedo ser muy fuerte físicamente, pero si no utilizo esa fuerza para ayudar a mi madre a mover un mueble para poder limpiar tras el no me sirve de nada. Puedo ser muy inteligente, pero si no utilizo esa inteligencia para enseñar, ayudar a otro en su dificultad con las matemáticas de nada me sirve. Un talento no utilizado es un talento muerto.

Cuando trabajamos con la energía, podemos sentirnos cautivados por el fenómeno, y pasar horas distraídos en ello, pero no pasa de ahí. Cuando por primera vez utilicé el Reiki para ayudar a una persona necesitada de verdad me dio la sensación que hasta ese momento había estando jugando, que había estado en prácticas, que estaba haciendo algo sin tomármelo en serio. La experiencia que internamente sentí, no tenía palabras para describirla, fue una sensación de productividad, de poder aplicado al beneficio de alguien o de algo, de haber realizado algo realmente valioso e importante como es ayudar a otra persona a encontrarse a si misma, a sanarse, a encontrar su equilibrio, algo que nada tiene que ver con estar “jugando” con la energía. Te das cuenta al ver el rostro de esperanza, de alegría, de alguien que lo necesitaba que sólo aquello que contribuye a mejorar las cosas es lo importante.

Es la satisfacción de ayudar, de ver como mejoran las personas lo que llena realmente a uno, y esa misma sensación se consigue de infinitas formas, con palabras de aliento, con un gesto, una mirada, un abrazo…

No nos perdamos en lo fascineroso, en la sensiblería, si no en el hacer de verdad, con las acciones que serán productivas… y no olvidemos que el Reiki es una herramienta, ni más ni menos, que nos ayuda a despertar, o sea, a darnos cuenta de lo que somos y lo que importa. Nuestra energía propia está en proceso constante de refinamiento, es lo que somos y la manifestamos a través del cuerpo, de la expresión, cuanto más se refina nuestra propia energía más naturalmente emergen los valores espirituales como la compasión y el amor genuino.

Si realmente te entregas a tu propio desarrollo y al de otros, si realmente queremos ayudar, el caudal de energía que llegará no tendrá comparación con la energía que sentíamos al jugar con ella. Cuanto más das, más recibes… así de sencillo, de la misma forma sucede con la energía.

Estamos aprendiendo en estos tiempos a adquirir maestría con una fuerza que siempre ha estado ahí y que lo ha sustentado todo y en todos los ámbitos, interaccionar con esta fuerza o energía, es igual a emplearla conscientemente para mejorarnos y mejorar el mundo, más que una interacción no consciente como ha sucedido hasta ahora.

Últimamente me falta tiempo para todo lo que quiero hacer, dedicar tiempo al Reiki tiene su gasto, hay muchas personas que cuando lo conocen te piden que les hagas tratamientos, ya sea a distancia, y se necesitan horas para poder dar a todos.

Es verdad que existen ciertas técnicas en las que puedes mandar energía a varias personas a la vez, como la de la cajita, en la que pones un papelito, de esos de taco mismo con el nombre y apellidos de la persona, por lo menos, y si es posible dirección y fecha de nacimiento. Se trata pues de dar Reiki a la caja, de esta forma la energía se distribuye entre todas las personas que hemos ido añadiendo.

Es una buena manera de enviar Reiki cuando se tiene a muchas personas para trabajar, de forma general, pero cuando la persona tiene problemas serios a mi modo de ver y por preferencia propia considero que es mejor hacer Reiki individualmente a cada persona, ya que los distintos tratamientos, según el enfoque, ya sea un tratamiento físico o un tratamiento mental-emocional cobra más fuerza y digamos que se convierte en algo personalizado.

Sería algo así como el médico de medicina general y el especialista. Sí ya sé, si la energía es para bien y ayuda ¿qué diferencia hay entre trabajar en grupo o individualmente?, ya sea más o menos energía hará lo que tenga que hacer. Pues sí y no, cuando nos enfocamos en varias personas al mismo tiempo, es como repartir agua indiscriminadamente a gente sedienta, les ayudará, por supuesto, pero cuando lo hacemos individualmente, es como añadir al agua, vitaminas y minerales, según la necesidad. 

Yo me centro interiormente e intento sentir qué es lo mejor para la persona, cómo debo enfocar el tratamiento, según su dolencia y situación, e instintitavemente sé si debo enfocarme en su mente, sus emociones, su físico o espiritualmente. Puedo trabajar el físico y recobrar una buena vitalidad física, pero mi mente estar deprimida, puedo trabajar mi mente y sentirme calmado y en paz, pero tener el cuerpo agotado, aunque el hecho de tener la mente serena también relaje el cuerpo, puedo tener el cuerpo y la mente vitales al trabajar la parte física y la mental dándoles la energía que necesitan, etc…

Cada persona tiene unas necesidades, y la energía sabe cuáles son, al centrarnos en cómo trabajar es la conciencia quien nos dicta los pasos a seguir. Con el tiempo, se va afinando este sentido, pero no pasa nada si no percibimos, la energía igual fluye y actúa. Es cuestión de mucha práctica y entrenamiento, la única manera de ir adquiriendo habilidad y experiencia. No se trata de elegidos, sino de voluntad, y sobre todo de disfrutar haciendo los tratamientos.

Sea como sea, al centranos en hacer Reiki la energía fluye y llega instantáneamente.

Estoy en uno de esos puntos en los que dudas si debes seguir igual o empezar a ver realmente las señales. Por un lado la mente racional, diciéndome que como voy está bien, siguiendo los esquemas aprendidos, las técnicas de Reiki que tan bien van, por otro (supongo que por los años de práctica), la intuición y sensaciones interiores, diciéndome: “afloja ya la mente, vive el Reiki intuitivo y natural que has percibido, que sientes ya en cada tratamiento, esas certezas que te guían y sabes de alguna forma que son reales, pero te niegas a aceptarlo todavía, por las dudas”.

Son tantas cosas, cuando tu verdad se convierta en ídolo derríbala, te obstaculiza, te hace dudar de las nuevas sensaciones y percepciones, porque de alguna forma te hacen cambiar y no siempre se ajusta a lo que nos enseñaron. Y esto es mayor motivo para darse cuenta que lo aprendido es una referencia, una forma que nos legaron los ancestros para trabajar con la energía, unas pautas, pero que no por ello debe ser inmutable.

Si lo piensas, Usui, a través de iluminación espiritual redescubrió algo que siempre había estado, la capacidad de trabajar con la energía espiritual. A través de revelación, con su Yo más elevado, su Ser, y que de alguna forma le transmite el conocimiento por ciencia infusa, se convierte en ello, en conocimiento vivo, adquiere una conciencia que le permite comprender su funcionamiento, cómo utilizarlo y transmitirlo a otros. Para ello debe trabajarlo primero consigo mismo, y desarrollar una protocolo, una base para que otros, como nosotros tengamos una compresión y una referencia de cómo utilizarlo. Pero al final es la conciencia del Reiki, la inteligencia que hay en esa energía que va guiando nuestros pasos, y limitarse a unas posiciones, unas técnicas de tratamiento mental-emocional, unas meditaciones es sólo una parte del proceso, una manera prestablecida de trabajar con la energía.

Llega un momento en que te haces preguntas, sientes que te limitan las formas, y notas que hay algo que debe cambiar, porque si me limito a las pautas mostradas por otros maestros, que se han repetido una y otra vez parece que estes limitando la capacidad de actuar de la energía, del Reiki.

No quiero decir que hay que cambiarlo todo, no hay que perder la esencia de las enseñanzas, sus técnicas, y pervertirlo, pero al final tienes que andar tu sólo, aprendes muchas cosas por intuición y formas de trabajar que no te enseñó el maestro, porque ahora, tú eres tu propio maestro, no hay manual de instrucciones para ello.

A veces pasará que sentirás fuertemente que debes hacer algo, romper el proceso en un momento dado para realizar algo en concreto, masaje, golpear, hablar y dudarás porque no es lo que te han enseñado, pero la conciencia te lo repetirá una y otra vez y podemos hacerlo o no. Parecerá que nos lo estamos imaginando pero al final resulta que no, y lo sabes porque la voz interior sigue insistente y te pasan situaciones en el día a día que te lo confirman.

Sólo podemos aceptar, o no, aquello de que lo esencial es invisible a los ojos.