Revisando en la sección de libros de autoayuda y las novedades en el terreno de la energía me llamó mucho la atención ese título (perteneciente a un libro de Thomas D´Amserbourg), supongo que porque no dejamos nunca de aprender y nuestra memoria asocia palabras con hechos ocurridos más o menos agradables o instructivos, y siendo yo como soy y la gente que me conoce sabe, la sensibilidad juega malas pasadas.

En todos los ámbitos de la vida y dentro del Reiki no existe excepción, hay que tener cuidado con las pautas de poder, como seres humanos, o espiritualmente hablando nos enseñan que no es más uno que otro y entre maestro y alumno existe una relación docente y el respeto mutuo. Es muy normal cuando das los primeros pasos dejarte guiar, más si no tienes ni idea del terreno que pisas, escuchar los consejos, etc,  y aceptarlos y seguirlos si así lo consideras según tus principios morales y espirituales, por eso el Reiki es tan aceptado, entre otras cosas porque no interfiere en tus creencias.

Con el trato maestro alumno también es normal que se creen vínculos afectivos, o una buena amistad, del mismo modo que se crearían al conocer una persona por tener cosas en común, pero hay que comprender que cada persona es un mundo, y no se le puede pedir o exigir que sea como uno quiere o nos gustaría que fuera respecto a algo que nosotros mismos practicamos y vemos de determinada manera.

La figura del maestro desde mi punto de vista es enseñar y transmitir unos conocimientos, lo más puro posible para no deteriorarlos, e inculcar al alumno el valor de la enseñanza, lo que está aprendiendo y cómo puede ayudarle siempre que haya un trabajo constante. Apoyarle en sus primeros pasos (dudas, incertidumbres) y dejarle andar por si mismo. Como responsabilidad por estar transmitiendo unos conocimientos, que además está pagando el alumno, y ya no por esto si no por principio moral, estar pendiente de cualquier ayuda que necesite al respecto. Y siempre estando al loro de no caer en la tentación de dirigir como única voz por el poder que sienten algunas personas por ser maestro de algo. Es muy tentador decir cómo debe uno vivir su vida.

A menudo el alumno puede sentir reverencia por el maestro, más si este le ha ayudado a salir de escollos, creándose un figura de semidios que puede ser tentadora para el maestro, y que no significa que este último sea mala persona, pero sucede. O puede que el maestro lo vea y le quite importancia para evitar precisamente que pase, pero el alumno sigue viéndolo así.

Nos formamos imágenes, idealizamos las cosas, a las personas, y cuando esa persona se sale de nuestro esquema creemos que hemos sido traicionados, pero hemos sido traicionados por nuestro propio juicio de las cosas. Por ejemplo, trabajo en una oficina, durante años he tratado con ciertas personas, y siempre he procurado ser amable, incluso dejando de defender una postura por no armar lío, el día que te cansas y replicas lo único que piensan es “Miguel es una mala persona, es iracunda y no lo que aparenta”, nada más lejos de la realidad, siempre ha sido así, pero no lo había expresado o no habían querido verlo. Eso no la convierte en mala. Hasta el hecho de opinar distinto se convierte en un ataque porque no encaja en la idealización que han hecho de la persona que opine distinto o no les de la razón, no están acostumbrados, pero si lo estarían si desde el principio hubieran conocido esa faceta, y hasta la aceptarían como una opinión distinta aunque en desacuerdo.

No debemos dejar de defender nuestra opinión y mantenerla si así la sentimos, pero tampoco se trataría de defenderla si no de vivirla consecuentemente sin importar si gusta o no. Porque si no caemos en el error de convertirnos en una prolongación de otra persona.

No importa si es un maestro, si es el padre, un hermano, un amigo, no hay que tener miedo de mostrarse como se es, no hay nada de malo en ello, absolutamente, aunque piensen lo que piensen. Pero sí, reconozco que es triste que muchos no sean capaz de verlo y te hagan la cruz, y creo que a la mayoría le dolería perder a alguien por algo tan “ridículo”, pero si para recuperarlo “hay que ser amable y no auténtico” lo siento, no puede ser. Y sí, también duele a veces ser auténtico, por lo menos el ir puliéndonos para serlo. Y serlo significa para mi ser lo que sientes dentro de ti, ni más ni menos.

Esa es la lección que estoy viviendo desde hace tiempo y supongo que al realizar mi primera maestría (a mi pareja), se han removido cosas internas durante varios días, tremenda ira salió, rabia, frustración, decepción, y paz y alegría, al comprender que mi libertad no pertenece a nadie más que a mi mismo, y comprender que todas esas personas que me han podido hacer daño también tienen sus cosas, sus miedos y debilidades y sus equivocaciones como yo las tengo, que llevan a la confusión, a ver las cosas como no son.

Cuando alguien niega tu experiencia sobre algo, sólo está viendo la suya, hay muchas respuestas posibles a un mismo asunto que acaban favorablemente y otras tantas que puede que no sean las mejores, pero al fin y al cabo es tu vida. Esa es la gracia de la diversidad, que haya tantas personas distintas que han conseguido sus objetivos con decisiones e ideas tan distintas que les ha llevado al éxito y otras al fracaso. Quizá si escuchamos más a otros que a nosotros mismos sea porque no confiamos en nuestros talentos o capacidades.

No se trata con lo dicho que no hay que escuchar y dejarse aconsejar, simplemente no ceder nuestro poder a la voluntad de otros, al qué pensarán, al “¿le gustaré si hago esto?”, “¿dejaré de ser un buen chico?”, “¿se enfadará?”

Pero eso sí, hay que tener claro que hagamos lo que hagamos siempre habrá quien nos critique.