Solemos pensar que si tuviéramos la herramienta adecuada todo sería mucho más fácil, porque así nos sentiríamos más motivados, las cosas nos costarían menos y estaríamos más felices. Pero luego, cuando empezamos a buscar esa herramienta y la encontramos, nos entusiasmamos de entrada para acabar decepcionados a menudo, y quizá se deba a la creencia de que nos iba a quitar todos los males, todas las cuestiones que tenemos que resolver por nosotros mismos, que nos evitaría enfrentar miedos, dudas, frustraciones, que quitaría todos nuestros dolores físicos y anímicos como si nos tocaran con una varita mágica, que nos evitaría tener que APRENDER de experiencias dolorosas, ¡que perdida si fuera así!, porque es lo que más nos enseña, lo que nos ayuda a ser más sabios y, por tanto, nos otorga mayor capacidad y conocimientos para poder aconsejar o ayudar a otros.

Creo que todos o la mayoría, aunque no nos guste, sabemos que las dificultades son las mejores maestras, las que nos hacen madurar más, porque no es lo mismo una persona buena que llega a los 50 años habiendo tenido una vida fácil que otra buena con muchísimos problemas y situaciones difíciles las cuales ha ido resolviendo como mejor ha podido, está claro que la mayor sabiduría y aprendizaje estarán en la segunda, porque comprenderá mejor las causas por las que solemos caer y volver a levantarnos, pudiendo ofrecer una ayuda más sabia, conocerá mejor el dolor y sufrimiento.

Podemos leer biografías de personas del pasado, nos asombramos de cosas que hicieron, cómo ayudaron a tantas personas, tenían un don que parece que fuera regalado, que ellos no tuvieran problemas porque estaban cuidados y protegidos, que el sufrimiento nunca les afectó y que tenían ventaja, pero cuando profundizas te das cuenta que todos, al menos la vida de los que conozco, no fue nada fácil. Hasta llegar donde llegaron fueron luchas, superaciones, trabajo interior, tristeza y alegría, zancadillas, puesta a prueba de sus valores y virtudes como si algo los estuviera puliendo para en algún momento realizar su labor más importante, el SERVICIO.

El camino es fácil cuando con dificultades puedo tener paz dentro de mí, hay quien se ahoga en un vaso de agua, porque no la tiene, y los hay que en medio del mar tormentoso se mantienen a flote gracias a su esfuerzo hasta que vuelve a salir el sol.

Cualquier camino trae trabajo, creer que no es engañarse y perder el tiempo, y dentro del Reiki no hay excepción, o te involucras o pasará a ser una herramienta más dentro de la colección de herramientas, de todas esas que vamos probando porque la anterior no nos solucionó los problemas sin hacer nada nosotros.

Decisiones difíciles, que nos gustaría poder evadir siempre habrá hagamos lo que hagamos, pero lo bueno del Reiki es que nos ayuda, nos da la tranquilidad, paz y apoyo que necesitamos para ello. Cuando empezamos a sentir y vivir que el trabajo diario nos hace sentir mejor, que vamos recuperando salud, confianza, fuerzas, que empezamos a conectar con nosotros mismos te da mucha alegría, y el empuje para seguir adelante, entonces quieres más y como has comprendido que es a través de solucionar tus problemas, poco a poco, y de la forma que mejor puedas, te comprometes más, y la ayuda sigue llegando de formas muy variadas, pero siempre a la par con el trabajo.

Lo duro es cuando no conseguimos tranquilidad, o creemos que estamos solos, pero cuando es lo contrario hay una mayor fortaleza y seguridad y de ahí conseguimos motivación para hacer lo que debemos hacer, estamos vitales y con ganas de mejorar, y Reiki en ello pueda ayudar muchísimo.