Diciembre 2008


Es frecuente cuando trabajamos con Reiki que aspectos de nuestro interior de los que no éramos conscientes comiencen a florecer en forma de inquietud, ansiedad, incomodidad, sensación de no sentirse pleno, algo triste quizá, etc., pero que puede que sea tan sutil que no reparemos en que algo interior se está removiendo, pudiéndolo asociar a un simple momento, pasajero, que todos tenemos hagamos Reiki o no.

A veces, trabajándonos con Reiki estamos unos días “chafaos” en esos momentos sólo quieres estar tranquilo, sin ruidos, sin que te molesten, quizá te distraes viendo la tele, calentito con tu pijama y batín, o escuchando música, dando paseos, la cuestión es que sientes que quieres estar tranquilo, no te apetece recibir a nadie y sólo quieres que ese estado pase, sabes que son unos momentos o días, pero que luego se te pasa.

Esos momentos pueden ser liberaciones, ajustes que el cuerpo está haciendo, limpiándolo de toxinas energéticas, unas veces sabes porqué estás así, los motivos, si son miedos, frustraciones, cosas que deberías hacer y no haces con el consiguiente sentimiento de que no estamos haciendo lo que debemos, o sentimos remordimiento, otras no tenemos ni idea de dónde viene, pero tenemos claro que algo lo provoca.

Cuando nos sentimos mal interiormente, en alguna de las formas expuestas arriba, u otras que no haya mencionado, que son muchas, solemos la mayoría de veces esperar a que el malestar acabe, “ya se me pasará” nos decimos, pero pocas veces nos paramos a pensar: “a ver, ¿porqué me siento así”, y reflexionar un poco. Si lo hiciéramos quizá veríamos que si me siento de tal o cual manera es porque debería estar estudiando ya que la semana que viene tengo examen y no he hecho nada aún, o que la inquietud ha venido porque vi una película en la que una situación que han plasmado los actores la viví hace años y aunque al acabar la peli lo había olvidado, algo en mi mente ha pulsado el gatillo y generado un estado de moral bajo, algo que quizá ya no está en mi mente consciente pero si la subconsciente que es la que nos remueve cosas.

Todo esto son oportunidades para darnos cuenta de algo de forma clara y poder mirarlo cara a cara y decirnos: ¿cómo puedo cambiarlo?, ¿qué debería hacer ahora mismo o de ahora en adelante para mejorar, para que no vuelva a afectarme?, ¿debo cambiar de actitud?, ¿debo pedir ayuda a un profesional?, ¿bastaría hablar con alguien que puede aconsejarme?, ¿es esto lo que me hace poner de mal humor y contestar mal a las personas por miedo, para que no me hagan más daño?, ¿me cierro con determinadas personas porque la vida me ha dado golpes?, ¿qué tipo de golpes exactamente?, y ¿es la mejor solución esa actitud?, así sucesivamente…

Reiki trae a la parte consciente progresivamente todos esos detalles para que los veamos con otra perspectiva, para que los trascendamos, para que veamos las cosas como son, ni más ni menos, y nos demos cuenta que ciertas actitudes, aunque pudieran estar justificadas según nuestro punto de vista no significa que sean las mejores ni las más apropiadas, es más si están basadas en el miedo no son las más apropiadas.

Hay una frase que me gusta, no es fácil llevarla a cabo, pero sé que así es, “no es valiente el que no tiene miedo al hacer las cosas, si no el que aún con miedo las hace”. Reiki en este aspecto nos ayudará, nos mostrará dónde estamos fallando, encontraremos si somos asiduos una nueva vitalidad, una nueva fortaleza y un nuevo empuje.

Tendremos momentos de mucha dicha, pero también bajones, con la diferencia de que lo llevaremos mejor, saldremos antes de ese estado y seguiremos viviendo, cada vez más fuertes, más seguros, más plenos, con un sentimiento de mayor realización, felicidad, y amor, nos daremos cuenta de porqué hacemos muchas cosas y hasta nos reiremos y en ese preciso momento te darás cuenta de lo fuerte que eres, de que puedes cambiar con sólo una elección y hasta te sorprenderá no haberlo hecho antes.

Confía pues y sé constante en tu práctica de Reiki, ¡¡tienes un tesoro en tus manos!!

En un libro que estoy leyendo ahora,  su autor expresa muy bien la idea de mantener la vibración o la energía elevada como base para que no nos pueda afectar una energía con una vibración más baja, todo ello a través de diversas técnicas respiratorias. Cuando utilizamos estas sencillas técnicas, nada complicadas, empezamos a generar más energía, elevando la propia a unos niveles importantes por lo que manteniendo el ritmo respiratorio estaremos durante todo el tratamiento protegidos de absorber otras energías, indefectiblemente, evitando malestares y molestias. Cuando realizando está técnica nos sentimos mal es seguramente porque no lo estamos haciendo bien, de otra forma no hay nadie que reporte sensaciones desagradables o de malestar.

El toque cuántico es una técnica que no necesita de ningún tipo de iniciación ya que se basa como dije en la respiración y el enfoque (o atención), eso sí, se debe estar todo el tiempo que dure la sesión concentrado en lo que se hace. La premisa es que al aumentar nuestro campo de energía a un nivel no común cuando no se realiza esta u otras técnicas y acercar las manos a la persona que recibe el tratamiento, estas emanan una fuerte y elevada vibración, el cuerpo o la parte afectada por resonancia empieza a imitar las pulsaciones de la vibración adecuando su propio ritmo al de las que emanan las manos, recuperando progresivamente la salud y en muchos casos de forma increíblemente rápida. Esta técnica tiene su fuerte en los problemas de huesos, no es extraño ya para estos practicantes mientras dan una sesión sentir movimientos internos óseos, como si se ajustaran. Existe y hay constancia de multitud de casos de alineación de la columna vertebral, cervicales, caderas, rodillas, tobillos, literalmente el terapeuta puede observar balanceos y movimientos cuando sucede.

Es una herramienta muy buena para practicantes de Reiki por que lo potencia, de ahí le sacaron el nombre que he oído más de una vez, “turboreiki”.

Esta técnica está teniendo mucho éxito en hospitales en Sudamérica y Estados Unidos y poco a poco se va abriendo camino, como todo lo bueno y que funciona.

Existen cursos presenciales, que es lo ideal, pero también existe el libro que como dice su propio autor y quien dio a conocer la técnica, es más completo que un curso porque en este no se puede dar todo el material que aporta un libro, y siendo una técnica tan sencilla siguiendo las pautas y practicando mucho no hace falta acudir a un curso si no se puede.

Su título es: El Toque Cuántico, el poder de curar” de Richard Gordon, editorial Sirio.

La claridad y don de explicar de su autor no la he visto en muchas personas, es capaz de explicar conceptos complejos de forma tan sencilla que cualquiera los puede entender.

100% recomendado para ampliar conocimientos, y ejercicios que favorecerán nuestro trabajo con la energía y llevar nuestra práctica a un nivel mayor y más efectivo. Actualiza nuestra experiencia con Reiki y le da un nuevo sentido.

Una de las cosas que me gusta también de esta técnica es que a través de la respiración conectamos con el presente, nos trae inmediatamente al momento, algo muy importante cuando nuestra mente suele divagar mucho.

Recuerdo una frase que me dijo mi maestro de Reiki cuando recibí la maestría, me hizo gracia en su momento pero sé que tiene toda la razón, al menos desde mi punto de vista, y era algo así como “ya sólo quedamos cuatro desgraciados que queremos hacer las cosas bien”, y es verdad, muchas veces el hacer las cosas bien es tomar el tiempo necesario para hacer y asimilar algo que hemos recibido, como una iniciación al Reiki, del nivel que sea.

Queremos subir peldaños sin haber apenas saboreado el que estamos pisando en este preciso momento, cada vez que recuerdo la historia del Reiki me viene lo muy exigentes que eran los primeros maestros, podían pasar años entre un nivel y otro, pues es preciso no sólo asimilar los conocimientos si no la práctica que vamos realizando, aprendiendo bien las herramientas de cada nivel.

En algún otro post ya lo he mencionado pero la mayor destreza se consigue con el tiempo. Si realizamos un nivel de Reiki, el primero por ejemplo y queremos pasar al segundo sin apenas haber trabajado no podemos disfrutar ni diferenciar muchas veces lo que aporta este nivel porque lo mezclamos con el siguiente. Si un día queremos enseñar, si el camino nos lleva a desarrollarnos en esta vía, cuanto más hayamos practicado entre nivel y nivel más experiencia y conocimiento tendremos para poder transmitirlo, resolver las dudas e inquietudes de los que empiezan.

Por eso, después de un primer nivel lo ideal sería esperar mínimo de tres a seis meses. Un segundo, de seis a un año, el tercero un año mínimo y después si así debe ser y el maestro y alumno lo hablan llegaría la maestría, viendo los motivos, porque a menudo es más capricho o curiosidad que otra cosa. De ahí surgen muchas frustraciones.

Más vale, ser bueno, en una sola cosa, que acaparar muchas y no poder desarrollarlas. Bueno, la frase ya lo dice: Aprendiz de todo maestro de nada.

Reiki no se llega a conocer sólo en un curso de uno o dos días o tres, se conoce después, trabajando asiduamente. Seguro que eso ya lo sabéis, como en cualquier tema o ámbito.