Abril 2009


Todos hemos oído alguna vez hablar del efecto de una guitarra cuando una de sus cuerdas vibra,  otras guitarras que pueda haber en la misma habitación empezarán a vibrar también sin que nadie las toque. Al estar sintonizadas en la misma frecuencia vibratoria absorberán la energía acústica de la primera de modo que empezarán a sonar,  esto se llamaría resonancia.

Dentro de una vibración pueden existir diferentes escalas de frecuencia, si tocamos la cuerda de la guitarra en un extremo no sonará igual que si la tocamos en su centro, tienen el mismo grado de arco, pero distintas frecuencias u ondas.

Cuando una parte del cuerpo está enferma su frecuencia u onda vibratoria se ha modificado. En el caso de dos notas,  por ejemplo el Si de la guitarra, es suficiente con que una vibre, está transmite a través del aire una onda o frecuencia (energía acústica), que se transfiere a la otra nota Si de la otra guitarra, haciendo que vibre exactamente igual siempre que esté sintonizada en la misma vibración, por eso sólo suena la cuerda Si y no las otras, ya que tienen otra vibración.

En el caso de la parte enferma del cuerpo ocurre que al acercar las manos, que vibran mucho más elevado y a una frecuencia determinada, el cuerpo al tener una vibración más baja empieza a imitar la pulsación de la vibración que emanan las manos, ajustándose a la misma frecuencia. Cuando esto ocurre se produce un cambio vibratorio que devuelve la salud a la zona afectada, debido a que la nueva vibración se corresponde con la de un órgano sano.

La energía permite alcanzar este grado vibratorio, pero la energía sola no es la que provoca este cambio, si no su longitud de onda. Puede que esto explique que la energía sea luz+información, la energía y la inteligencia creativa divina que provoca la reorganización celular a un nivel de salud, en este caso.

Algo así como un manual de instrucciones de cómo debe ser un órgano o cuerpo sano.

Todos tenemos derecho a aprender y equivocarnos, a hacer las cosas como mejor creemos, a escuchar o a desoir los consejos, ya sea porque no los sentimos o no estamos de acuerdo.

Empezamos un camino buscando información, ayuda, consejo, para poder dar los primeros pasos y coger cierta pericia, a través de esa pericia descubrimos nuevas experiencias, oportunidades y formas de seguir en ese camino.  Mientras no sabemos mucho parece que cualquiera que esté en el mismo camino es mejor o sabe mucho más, puede que sí, pero desde su experiencia. Y así vamos absorbiendo aquello que nos interesa y desechamos lo que no, tapizando nuestro propio sendero.

Puede que llegue un momento en el que sepamos mucho, lo suficiente como para poder mostrar a otros el camino, y ahí llega el problema. Nosotros empezamos preguntando, probando, investigando, errando, acertando, mejorando y así hicimos ese camino, que puede que funcione para nosotros, descubrimos trucos, atajos, mejoras que hacían  que pudiéramos andarlo mejor, más cómodo, rápido, efectivo, y por eso que descubrimos e hicimos y fuimos constantes llegamos donde estamos.

Entonces nos encontramos con otra persona, que recorre un camino, parecido o igual al nuestro, en el que se esfuerza por convertirse en un fuerte, experto y avispado caminante, en el que hace lo posible por descubrir sus entresijos, mejorar, aprender, actualizar su experiencia y llego yo creyéndome con todo derecho de corregir, imponer, y enfadarme si no lo hace como yo lo he aprendido, sólo porque a mi me funciona. En vez de sólo mostrar y dejar que ande, de aconsejar por realmente ayudar, no por imponer ni enaltecerse, aceptar si acepta el consejo o no, mostrarle la piedra en la curva y dejar que la sortee o se estampe, que él decida, utilizar la misma arma u otra propia, inventada por él.

Me asombro de la sabiduría del ego espiritual. De esa que se molesta si le llevan la contraria, sólo la contraria, sin ningún ataque, me sorprendo de lo poco que nos gusta que hagan las cosas como dice fulanito y no yo,¿ acaso sólo hay una manera de hacerlas?.Me asombro de la autosatisfacción por conseguir aliviarle el dolor al vecino creyendo que ya he llegado a la realización, a pensar que ya puedo autoproclamar que sé más que nadie.  Me asombro por cómo se habla del maestro ajeno sólo porque hace algo que el otro no haría.

Y echo en falta la humildad de la persona que deja que tropiece para que aprenda, que sólo interviene si voy a caer por el precipicio y matarme. Añoro la sabia humildad del que me corrige sin imponerme, del que me habla para enseñarme dejando que recorra el camino, que me pone las pistas para que yo mismo me maraville con el descubrimiento a través de la experiencia. Que acepta mis reticencias, mis desvíos, dejándome ver por mi mismo mis errores. Que sólo me orienta, no me obliga a andar un sendero determinado.

Y por todo lo anterior decido ser yo mismo, como se me antoje, por eso haré las cosas que quiera hacer y escucharé la experiencia de otros y su consejo, pero decidiré yo cómo y en qué forma actuaré, no aceptaré imposiciones, ni enfados, ni formas prestablecidas que no sienta como mías. No aceptaré la palabra del más  sabío ni más experimentado si no concuerda con lo que siento, ni  lo creeré porque lo diga él, sólo la práctica y la experiencia me confirmarán sus palabras, entonces pensaré: tú ejemplo y mi propia experiencia me han enseñado lo que vives, y me han mostrado la verdad que contiene que también me ha ayudado y servido a mi.

Sólo yo decidiré mi camino y nadie más. Y dentro de mi camino he aprendido a respetar el de otro. Sólo dos cosas tendré en cuenta sobre todas las demás cosas, no herirme a mi mismo ni herir a otros con lo que haga, sólo quedarán heridos por propia voluntad aquellos que no acepten mi camino. Esas son las únicas heridas que habrá, porque no viviré la vida de otros ni dejaré que dirijan la mía, sólo cabe compartir, sólo cabe respeto, sólo cabe la libertad, sólo queda el amor que cada uno pueda ofrecer.

Así se escriba y así se cumpla, y que me parta un rayo si no dejo hacer a los demás lo que quieran con su vida.

Bueno, poco a poco sigue expandiéndose el Reiki, cada vez es más solicitado.

Las cosas caen o se “elevan” por su propio peso. El tiempo tiene la última palabra, por eso no hay que preocuparse, lo bueno perdura, lo que hace bien se fortalece.

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=487771