Cada persona es un mundo, y a la hora de hacer algo el valor de las cosas cambia, hay quien ve de forma natural que al recibir algo debe ofrecer algo, esto es muy palpable entre las costumbres de los indígenas prácticamente de cualquier tradición, los cuales buscan ofrecer un regalo que haga honor al bien recibido.
En nuestra cultura el valor de las cosas cae velozmente. Cuando era niño los viernes alquilábamos una película para verla en familia, recuerdo lo feliz que esto me hacía. El hecho de poder ver una “peli”, la única que veía en toda la semana era algo grandioso y ocasional, por lo que el valor que tenía era enorme. Hoy día este entusiasmo ya no está, la diversidad de películas es tal y de tan fácil acceso que se pierde el interés y el valor.
El valor de las cosas normalmente viene sujeto por factores como el coste monetario que nos supone, la dificultad en conseguirlo, la necesidad, entre otras cosas. Si cualquiera de estos tres factores no está, sea lo que sea que obtenemos no se le da el valor apropiado.
Así pues la facilidad en el acceso a conocimientos se acumula y no se suele aprovechar ni valorar y mucho menos si no se dan resultados rápidos. Hace tiempo tener acceso a un conocimiento reservado era muy apreciado y uno se involucraba a fondo, hoy día es tan fácil conseguirlos como ir al supermercado y por eso mismo parece que no sean valiosos.
Quien tiene recursos no le importa pagar por algo que verdaderamente desea aprender, y entiende que es lógico, quien no los tiene suele buscar el “chollo”. No quiero decir que esté mal, ni mucho menos, pero suelen ser quiénes más se quejan e intentan justificar que no se puede cobrar por el conocimiento. El nivel de compromiso es palpable también.
He vivido la situación de ofrecer Reiki y no ser valorado si se da gratuitamente, incluso se suele pedir como se pide una bolsa de arroz, “si te acuerdas esta noche hazme Reiki”, curioso es que aunque les vaya bien y les ayuda no se pide si hay que pagar. Y aquí es cuando cae una venda y uno aprende si no ha empezado ya a valorarse a sí mismo.
En el Reiki si no hay compromiso no se puede adquirir experiencia y mucho menos pretender se maestro de algo por acumular textos, letras, como una enciclopedia, sólo por haber leído. Texto muerto. Se necesita la formación de un maestro capacitado que haya recibido su formación de otro maestro capacitado, practicar entre nivel y nivel, dejar tiempo para conocer y experimentar sus matices, asimilarlos, conocer perfectamente los procedimientos del sistema de Reiki, protocolos de iniciación y símbolos. Haber transitado verdaderamente este camino el tiempo suficiente para adquirir un bagaje que ayudará al futuro alumno si se decide enseñar.
Lo que no se entiende es que Reiki es un verdadero camino de vida y no se entiende porque no se profundiza ni se practica verdaderamente, ni se obtienen los beneficios a medio y largo plazo por falta de constancia. Reiki es un trabajo diario, no dos veces a la semana 15 o 30 minutos. Es un trabajo interior de toda la vida, lo que se está haciendo es tratarse como persona humana y espiritual, puliéndonos, y eso es para siempre, no existe ninguna fórmula mágica, sólo trabajo y trabajo y trabajo y satisfacción con lo que se va consiguiendo, porque los beneficios llegan, por supuesto.
Hay quien dice, siento mucho la energía, pero eso no significa nada, se puede sentir sin tener ninguna preparación en nada, sólo es síntoma de una mayor conciencia cinestésica de algo que siempre ha estado. Sentir no es ser mejor persona, mejor persona es aplicar lo que sabes que es positivo, procurar hacer las cosas bien, utilizar lo que cualquier tradición seria enseña.
Que cada uno mire dentro de si y tenga la fortaleza y el valor de ver verdaderamente las cosas, no autoengañarse más.
“Quien nada da, nada valora”.