29-05-2002

Busca un lugar cómodo donde poder dedicar entre 15-30 minutos para este ejercicio. Lo que vamos a hacer combina la respiración y un estado consciente de bienestar del cuerpo.

Lo ideal es hacer la práctica sentados en una silla, con la espalda lo más recta posible sin crear tensión ni incomodidad, como muchas de mis prácticas las hago sentado en la alfombra suelo utilizar con frecuencia la pared como apoyo, lo digo por si alguien prefiere hacerlo así, por otro lado pocas veces hago este ejercicio tumbado ya que la relajación que da seguramente te llevará al sueño y esta no es la idea.

Adopta la posición que hayas elegido y así dispuesto empieza a sentir tu cuerpo, sin prisas, como si tuvieras todo el tiempo del mundo para ello. Mientras lo sientes, nota como se va relajando, disfruta el bienestar y la comodidad que percibes, la ausencia de dolor o incluso si sientes zonas tensas simplemente recuerda donde están localizadas y céntrate en el bienestar general, es decir, el bienestar es un lienzo blanco y las zonas de tensión serían manchas en el lienzo, sencillamente ubícalas para más tarde, cuando avancemos en el ejercicio.

Cuando sientas que el cuerpo está lo suficientemente tranquilo empieza a respirar suavemente y de forma profunda, alargando la inspiración 6-8 segundos, o más o menos, según te sea cómodo a ti, esto es una referencia. Una vez llenes los pulmones puedes retener el aire unos segundos, siempre buscando sentirte cómodo, sin forzar, puede ser entre 3 y 8 segundos, pero no aguantes de forma que luego al expirar el aire salga como un estallido. La expiración también puede ser de 6-8 segundos, pero recuerda es una referencia, según tu capacidad pulmonar descubrirás que tiempos te son cómodos, sólo hace falta un poco de práctica para verlo.

Y si no te quieres complicar procura hacer respiraciones profundas y expiraciones suaves y largas, coge tu ritmo y disfruta. Normalmente coger el ritmo respiratorio cuesta unos cinco minutos, a partir de ahí notas que surge sola, como si se hubiera automatizado el ritmo.

Cuando sientas que todo fluye, y estés cómodo con las respiración se consciente del bienestar que recorre tu cuerpo, no tienes dolor, estás tranquilo, plácidamente, sentado, relajado, percibe el bienestar producido por todo ello, sé más consciente de este bienestar, observa exclusivamente este bienestar mientras respiras.

Ahora en cada inspiración imagina que respiras el bienestar que notas en ti y se expande aún más por el cuerpo, y así sucederá, pues el bienestar es un estado energético que te lleva a esa sensación. Todo son estados energéticos percibidos como sensaciones.

Inspira y expira bienestar, te irás sintiendo cada vez mejor, distendido, sobrepasado quizá por ese bienestar que progresivamente se va transformando en un estado energético mayor, más intenso, dejando de ser bienestar para convertirse en pura energía, si llegara a este nivel sigue respirando este bienestar-energía, y expándelo ya no por tu cuerpo si no alrededor de él y más allá de él. Notarás cómo se expande, dedica el tiempo que consideres y cuando acabes ve haciéndote presente en el lugar donde estás, piensa para tus adentros, “esta energía y esta experiencia queda integrada en mí”, vuelve a la respiración normal y ve moviéndote hasta estar completamente presente. Cuando lo desees puedes volver a lo cotidiano. Estarás con más energía y serenidad, una serenidad y bienestar en todo tu cuerpo y mente.

Para las zonas de tensión puedes imaginar que la energía o bienestar se dirige a los puntos localizados al principio, algunos ya no los sentirás después del proceso, pero puedes imaginar que ese bienestar acrecentado los disuelve, sólo tienes que tener paciencia y ser un observador de lo que ocurre, no quieras forzarlo ni “obligarlo”, siempre podrás volver a practicar el ejercicio, tantas veces como quieras. Deja que se vaya disolviendo por si mismo con la respiración y el bienestar acrecentado.

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