Extraído del libro “El Espíritu de Reiki” de los autores Walter Lübeck, Frank Arjava Petter y William Lee Rand.
Esta es una meditación sencilla y muy poderosa. Como todo, la práctica desarrolla y favorece los efectos de su utilización.
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La palabra japonesa gassho significa: “dos manos que se juntan”.
- “En Gassho pliegas cómodamente tus manos delante del centro de tu corazón. El señor Ogawa recomendaba sostener las manos de tal manera que el aire espirado saliese por la nariz rozando suavemente la punta de los dedos. Esto deberá indicarte a qué altura sostener preferentemente las manos.
- Durante el transcurso de esta meditación aspira por la nariz y espira por la boca. La práctica de Qi gong recomienda en general colocar la lengua arriba sobre el paladar mientras se aspira; durante la espiración la lengua deberá bajar y colocarse sobre la base de la boca. Esto completa el círculo de la energía del cuerpo-espíritu.
- Cierra los ojos y siéntate en forma relajada sobre una silla o bien sobre el suelo en posición de loto completa o parcial. La espalda debería estar lo más recta posible, pero sin estirarla en demasía. Si es necesario, puedes apoyar tu espalda. También está permitido apoyarse sobre la pared.
En todo el mundo las personas han comprobado que la meditación resulta más fácil cuando la columna vertebral está en posición recta. Esto no significa que uno pueda meditar sobre una silla o en posición horizontal. En cuanto sabes cómo funciona el truco, puedes meditar en cualquier lugar y en todo momento, tanto con los ojos cerrados como con los ojos abiertos. El estado meditativo penetra entonces todas tus acciones y colma tu vida con serenidad y gracia.
Si es posible, mantén los ojos cerrados durante todo el tiempo, de manera de conservar la energía en tu interior. Realmente nos hemos acostumbrado en demasía a mirar alrededor nuestro y dejarnos distraer por impulsos visuales. Estos impulsos llevan a una ilación de pensamientos que seguimos en forma automática y nos conducen a la selva del inconsciente.
Si te sientes mal cerrando los ojos, entonces déjalos abiertos, pero no te concentres en ningún punto determinado y no parpadees. Luego de unos minutos tus ojos se llenarán de líquido lacrimógeno, pero igual continúa. Después de practicar esto algunas veces, estarás en condiciones de no parpadear ni una sola vez durante toda la meditación. La causa por la cual no debe parpadearse es que frecuentemente el parpadeo de los ojos y la aparición de pensamientos van de la mano. ¡Quien no parpadea, no piensa! También puedes utilizar una venda para los ojos, de mandera de poder mantenerlos cerrados sin gran esfuerzo.
Deja ingresar la respiración por sí sola en tu cuerpo. No existe ninguna causa por la cual deberías regularla de alguna manera. Lo único que deberías hacer es respirar profundamente llevando el aire hacia el abdomen. Si no sabes cómo hacer esto, pídele a alguien que te lo muestre o coloca una mano sobre tu vientre y respira llevando el aire hacia la zona que estás tocando. Ya te darás cuenta de cómo hacerlo. Plantéate la práctica cotidiana como principio y pronto tu respiración ingresará cada vea más hondo en tu abdomen.
El sentido y el fin de la meditación Gassho es potenciar la energía del practicante y llevarlo a un estado espiritual meditativo. Practica todos los días esta meditación de mañana o bien de tarde (o bien de mañana y de tarde) solo o en grupo durante 20 o 30 minutos.
Las indicaciones para este tipo de meditación son simples: concentra toda tu atención en el punto en que se encuentran tus dedos del medio y olvida todo lo demás.
Nuestro estado espiritual normal se corresponde con una locura totalmente caótica. El truco consiste primeramente en ser conciente de esta locura y convertir luego el veneno en néctar, sin intentar hacer desaparecer la locura.
En una oportunidad Osho contó una maravillosa historia sobre el Muláh Nasrudim, una figura humorística de la mística islámica, cuyos relatos tienen por fin ilustrar la naturaleza humana.
El Muláh tenía en su jardín un maravilloso manzano plénamente cargado de exquisitos frutos. Esta situación era por cierto conocida en su vecindario y muchos niños entraban a hurtadillas en el jardín del Muláh para robarle sus manzanas en cuanto éstas estaban maduras. Cada vez que el Muláh veía a un niño acercarse sigilosamente a su manzano, salía gritando y vociferando de la casa y corría hacia el malhechor. Un día un vecino, que observaba el drama cotidiano, lo llamó a parte y le dijo: “Muláh, tú eres un hombre tan pacífico y el árbol de tu jardín da mucha más fruta de la que tú alguna vez puedas consumir, entonces, ¿por qué echas a estos pobres niños?
“Los niños son como los pensamientos”, respondió el Muláh, “cuando los ahuyentas, puedes estar seguro de que volverán.”
Recuerda esta historia cuando medites. No espantes los pensamientos, que velan tu ojo interior. Observálos, reconócelos y vuelve a dirigir tu atención nuevamente al punto en que se encuentran ambos dedos del medio.”
La meditación.
Siéntate y sostiene las manos plegadas cómodamente delante del pecho. Dirige toda tu atención al punto en que se tocan tus dedos del medio y olvida todo lo demás.
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Observaciones personales:
- Cuando realizo esta meditación, quizá ya por el tiempo que llevo practicando, inmediatamente la energía Reiki empieza a fluir. Aprendes que no se trata de la cantidad de tiempo, aunque se aconseja entre 20-30 minutos, si no de la calidad, en el sentido de no estar expectantes al tiempo transcurrido o exacto para que se produzcan los mejores resultados, como si fuera algo obligatorio y protocolario, más bien es un fluir con lo que estamos haciendo, ya sean 5 minutos de meditación o 30. En la medida que practicamos es como si el tiempo se detuviera. La energía se expande y crece en nuestro interior y más allá del cuerpo llenando nuestra aura, que se traduce en un estado contemplativo, de paz y seguridad, nos sentimos envueltos por la conciencia universal y llenos de vida, todos los aspectos de nuestra vida empiezan a colmarse con esta energía y nos sentimos más capaces para actuar. Los beneficios de la meditación en sus distintas formas afectan a la mente, unificándola gradualmente o armonizándola con la conciencia espiritual, haciendo que la vida fluya en armonía y plenitud, a pesar de las dificultades.
No se trata tampoco de enfrascarse o agobiarse con multitud de meditaciones, o herramientas, si no utilizar aquellas que nos agradan, que resuenan con nuestra forma de sentir y ser constantes. Más vale practicar un tipo de meditación de forma asidua que conocer varias y no desarrollarlas. La simplicidad y la constancia provocan muy buenos resultados.
