Bueno, hoy he realizado un tratamiento al sobrino de mi compañera de trabajo, y ha sido toda una experiencia para mi, eso que llevo años, pero una vez más me doy cuenta que nuestra mente favorece más o menos lo que hacemos.

Ha sido un tratamiento a nivel mental a distancia, como siempre he seguido las pautas como las aprendí pero con algunas variaciones, pero en esencia lo mismo. No todas las personas son afines con el tema de los guías o de ningún tipo de ideología espiritual, y es una de las muchas cosas buenas que tiene el Reiki, que no necesitas creer en ello para que funcione, pero está más que demostrado que la fe ayuda mucho.

Como a veces a mi me cuesta conectar con ese aspecto lo que hice es seguir los mismos pasos pero cambiando las imágenes en mi mente. Lo explico un poco. Como siempre antes de empezar me doy Reiki a mi mismo ya sea con tratamiento directo, utilizando las manos o meditando un poco, para ello simplemente pienso en Reiki y este empieza a fluir e imagino que mi cuerpo se llena de energía, cuando siento que estoy listo, por la tranquilidad, el estado interior apropiado, que es de calma y una motivación adecuada como puede ser desear que la persona que va a recibir el tratamiento encuentre aquello que necesita para ser feliz, que cese su sufrimiento, la paz, etc… empiezo la terapia.

Hay personas que durante el tratamiento les cuesta dejarse llevar, mucho más vaciar la mente y dejar que sea la energía quien trabaje y dirija el proceso, por eso hoy he probado, y a partir de ahora así lo haré, la visualización simbólica de esa parte del tratamiento que se refiere al apoyo de los guías, así que he imaginado que todo lo que representan, sus cualidades, su amor, sus dones, su apoyo, estaba contenido en la imagen de un árbol. Una vez establecida la conexión con el ser de la persona a tratar, invitándolo a recibir un tratamiento, me visualizo en el campo, dejándome llevar por la armonía de este, para posteriormente fijarme en un hermoso árbol, frondoso, vibrante, fuerte y lleno de vida, del cual imagino que posee todas las cualidades y virtudes espirituales que puedan existir, simplemente eso, sabedor de que todo, cualquier cosa que pueda necesitar la persona para su mejora y liberación de cualquier sufrimiento pueda recibirlo a través del árbol.

Paseo alrededor, observando y admirando su fuerza y viendo como alrededor de su ancha copa emana una suave luz verdosa, reflejo de sus hojas, esta luz llevada por una brisa fresca llega hasta mi y me nutre, puedo sentir como una gran calma me invade, mucha paz, y la certeza de que el árbol es consciente de mi presencia y está dispuesto a ayudarme en cualquier cosa. Respiro su fragancia húmeda, siento la textura de sus hojas y como respondiendo a mi intención comienzan a alargarse sus ramas en forma de energía, conectando con cada uno de los chakras, dándoles fuerza y poder  tanto a mi como al paciente y llegando al mismo tiempo sus cualidades, llenándome, para seguidamente llenar de esa misma luz a la persona. Mientras esto sucede imagino como las hojas van cambiando de color como si la estación hubiera cambiado a otoño, transformando sus hojas, suave y progresivamente, de un tono verde a uno marrón para acabar en un matiz dorado vibrante.

Mientras estoy dando energía siento como la persona y yo nos vamos transformando poco a poco en un reflejo del árbol, siendo así que a cada momento nuestras extremidades se van convirtiendo en ramas con sus hojas doradas y luminosas, al mismo tiempo del árbol principal bajo cuya sombra estamos se van desprendiendo hojas que caen por si mismas según la voluntad del árbol en distintas partes del cuerpo en transformación y cada hoja posee una cualidad, una virtud. No necesitamos saber cual ya que la persona tratada las absorbe como semillas en forma de hoja que fructifican a su debido tiempo, con la ayuda de su ser cuando sea oportuno, y eso es cosa de ellos no mía.

Sigo dando Reiki, y en un momento dado siento que el paciente y yo somos un pequeño árbol cada uno, conectados entre nosotros por el contacto entre nuestras ramas,  con un fuerte tronco y hermosas ramas con sus hojas doradas, emanando luz propia, en ese momento sin yo buscarlo veo que del árbol principal una rama se alarga y me ofrece un pequeño tallo, con sus raíces, doy las gracias e imagino que en ese tallo se esconde la semilla (afirmación) que plantaré dentro del ser del paciente, y mientras lo hago visualizo la afirmación ya realizada, proyectándola en las raíces del tallo, nutriéndolas, y anclándolas dentro de la persona transformada en árbol.

Sigo dando energía aún habiendo hecho ya todo el trabajo mientras así lo sienta, en un momento dado somos atraídos hacia el árbol principal notando como su amor, sabiduría y poder nos envuelven, somos uno con el árbol, no hay distinción. Nos dejamos llevar por esa sensación de profundo amor y unidad, estamos en el corazón del árbol, y… se está tan bien…. reposamos en ese bienestar el tiempo que queramos.

Cuando así lo consideramos vamos sintiendo como recuperamos nuestra forma normal y en la medida que lo vamos haciendo notamos que el árbol principal se integra en nosotros adoptando nuestra misma forma, y así, ahora en nuestro interior, en nuestro corazón vive ese árbol, aportándonos sus cualidades, expresándose en el día a día, en cualquier situación naturalmente.

Llegado a este punto vamos recuperando la conciencia del lugar, nos movemos suavemente para ir sintiendo nuestro cuerpo y abrimos los ojos, damos las gracias, cortamos la conexión dando por finalizado el tratamiento y ofrecemos los méritos, todo lo bueno que se ha generado durante el tratamiento por aquello que queramos, personas, lugares, etc…

Nos tomamos unos minutos y podemos volver a nuestras labores.

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Elegí la figura el árbol porque a mi me inspira, me hace sentir bien, pero puede ser cualquier otra cosa, un río, una flor, etc… cada uno puede elegir aquello que le ayuda a centrarse y que le genera buenos sentimientos.

Al acabar el tratamiento sentía el cuerpo a rebosar de alegría, de paz y tuve que llamar a mi pareja para compartirlo porque algo dentro de mi así me lo decía, que compartiera ese amor, esa energía… y así lo hice… fue estupendo…

Últimamente me falta tiempo para todo lo que quiero hacer, dedicar tiempo al Reiki tiene su gasto, hay muchas personas que cuando lo conocen te piden que les hagas tratamientos, ya sea a distancia, y se necesitan horas para poder dar a todos.

Es verdad que existen ciertas técnicas en las que puedes mandar energía a varias personas a la vez, como la de la cajita, en la que pones un papelito, de esos de taco mismo con el nombre y apellidos de la persona, por lo menos, y si es posible dirección y fecha de nacimiento. Se trata pues de dar Reiki a la caja, de esta forma la energía se distribuye entre todas las personas que hemos ido añadiendo.

Es una buena manera de enviar Reiki cuando se tiene a muchas personas para trabajar, de forma general, pero cuando la persona tiene problemas serios a mi modo de ver y por preferencia propia considero que es mejor hacer Reiki individualmente a cada persona, ya que los distintos tratamientos, según el enfoque, ya sea un tratamiento físico o un tratamiento mental-emocional cobra más fuerza y digamos que se convierte en algo personalizado.

Sería algo así como el médico de medicina general y el especialista. Sí ya sé, si la energía es para bien y ayuda ¿qué diferencia hay entre trabajar en grupo o individualmente?, ya sea más o menos energía hará lo que tenga que hacer. Pues sí y no, cuando nos enfocamos en varias personas al mismo tiempo, es como repartir agua indiscriminadamente a gente sedienta, les ayudará, por supuesto, pero cuando lo hacemos individualmente, es como añadir al agua, vitaminas y minerales, según la necesidad. 

Yo me centro interiormente e intento sentir qué es lo mejor para la persona, cómo debo enfocar el tratamiento, según su dolencia y situación, e instintitavemente sé si debo enfocarme en su mente, sus emociones, su físico o espiritualmente. Puedo trabajar el físico y recobrar una buena vitalidad física, pero mi mente estar deprimida, puedo trabajar mi mente y sentirme calmado y en paz, pero tener el cuerpo agotado, aunque el hecho de tener la mente serena también relaje el cuerpo, puedo tener el cuerpo y la mente vitales al trabajar la parte física y la mental dándoles la energía que necesitan, etc…

Cada persona tiene unas necesidades, y la energía sabe cuáles son, al centrarnos en cómo trabajar es la conciencia quien nos dicta los pasos a seguir. Con el tiempo, se va afinando este sentido, pero no pasa nada si no percibimos, la energía igual fluye y actúa. Es cuestión de mucha práctica y entrenamiento, la única manera de ir adquiriendo habilidad y experiencia. No se trata de elegidos, sino de voluntad, y sobre todo de disfrutar haciendo los tratamientos.

Sea como sea, al centranos en hacer Reiki la energía fluye y llega instantáneamente.